PARA QUÉ SIRVE APOSTATAR (Fuente: http://ateuscat.yatros.org/apostasia.htm)

En nuestra sociedad, y debido más a una tradición que a profundas creencias personales, la mayoría de las personas se encuentran con que en su infancia fueron bautizadas, es decir, adscritas a una confesión religiosa, habitualmente la Iglesia Católica, a una edad en que ni disponían de capacidad para valorar el significado de ese acto, ni de autonomía personal suficiente para tomar sus propias decisiones, por lo que al alcanzar la edad adulta se encuentran perteneciendo activa o pasivamente a una confesión que ellos no han escogido, con la que no se identifican y que, además, no les proporciona ninguna satisfacción.

En cambio las confesiones sí se benefician de dicha circunstancia, ya que, gracias a los registros de bautismo, hacen aumentar artificiosamente su número de fieles en las estadísticas para poder obtener mayores ventajas sociales, sin preocuparles demasiado la integridad de las creencias de esos fieles, ni si sus prácticas se corresponden realmente con su supuesta condición.

Amparándose en ese tipo de subterfugios, gobiernos de distinto signo han favorecido reiteradamente a la Iglesia Católica con el argumento de que la mayoría de la población pertenece a una confesión religiosa sin tener en cuenta que gran parte de los ciudadanos no sólo no se han pronunciado públicamente jamás sobre esa cuestión desde que alcanzaron su mayoría de edad legal, sino que el artículo 16.2 de la Constitución Española prohíbe explícitamente cualquier posible requerimiento obligatorio de declarar al respecto.

Así pues, al no existir un vehículo legal en el que la Administración del Estado pueda ampararse para justificar el número de fieles de cada confesión, no hay tampoco ninguna base legítima para favorecer los intereses particulares de ninguna opción religiosa. Sólo una manifestación espontánea de cada persona expresando sus propias creencias u opiniones, o la adhesión (o no) demostrable a alguna de las distintas confesiones podría tener algún viso de legitimidad en ese sentido. Pero como no existe, ni por motivos legales puede existir, un registro de dicha naturaleza en nuestro país, nadie tiene derecho a erigirse en representante de las creencias de los ciudadanos, ni mucho menos a reclamar ventajas sociales en su nombre, salvo que ellos por propia iniciativa y en ejercicio de su libre y solemne voluntad deleguen expresa e inequívocamente esa responsabilidad en alguien o en alguna organización.

Elegir la propia adscripción ideológica o religiosa es un derecho incuestionable de todos los ciudadanos, reconocido legalmente en distintos apartados de¡ artículo 16 de la Constitución Española y recogido en el articulo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, por ello desde aqui se anima a aquellos que no se consideren creyentes a expresar sus ideas y, en caso que lo deseen, a manifestar su derecho a dejar de pertenecer a la Iglesia Católica o a cualquier otra confesión religiosa, mediante el ejercicio de la apostasía.

Para aquellos que consideramos la libertad como un bien supremo, la adscripción de una persona a una confesión religiosa desde el momento mismo de¡ nacimiento, sin intervención ninguna de su voluntad, es una infamia que sólo se mantiene en vigor a causa de una tradición social que no dispone de alternativas laicas por culpa de la desidia de la Administración, y por el interés de la Iglesia en hinchar su número de fieles en las estadísticas para obtener mayores beneficios ligados a una supuesta representatividad social que no responde a la realidad.