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¡BENDITO PAÍS!.

Encontrar un meapilas con sentido del humor resulta una labor casi imposible, pero, de vez en cuando, salta la liebre y aparece uno. Es el caso de Bernardino M. Hernando. Claro que el hombre publicó este libro cuando el recientemente fallecido Wojtila no era Papa y, consecuentemente,no había podido dotar a la Iglesia de esos aires huraños e inquisitoriales que actualmente exhibe para gozo de fabricantes de cilicios y de amantes de lo gore. A lo más que llega la "sana alegría" de los adustos creyentes ortodoxos actuales es a entonar la canción "De colores" entre grititos histérico-teológicos de ¡Juan Pablo... Segundo... Te quiere todo el mundo!

Como prueba de lo que digo, voy a reproducir el prólogo del libro. En él, el autor proclama su fe sin ambages, pero, ¡qué diferencia de fe! Comparando aquellas actitudes con las actuales, se comprende la rotundidad con la que los sotanillas actuales afirman que la teoría de la evolución de Darwin es mentira. Y lo malo es que, en el caso de la Iglesia, tienen razón. Lo suyo es precisamente lo contrario, es decir, la teoría de la involución.

Dice el prólogo:

"De ésta me queman. Y para curarme en salud o apagarme antes de que inquisitoriales llamas la emprendan con mi pobre persona atribulada, quiero hacer desde aquí mismo solemne profesión de fe católica, apostólica y romana. Creo e intento practicar todo lo que cree y practica la Santa Romana Iglesia, legítimamente representada en la Jerarquía Apostólica de mi devoto país, que es España, Hispania o Hesperia, bendita tierra de santos, llamada también "tierra de María Santísima". Lo creo todo, lo espero todo, intento amar todo lo que es digno de amor, según las enseñanzas de los Santos Padres, de nuestros bravos ancestros creyentes a machamartillo. Desde ahora mismo reniego de cuanto en este libro se encontrare contrario a las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia. He vivido siempre en la Fe y en ella quiero morir, revestido de la más fervorosa intención de alcanzar el Paraíso, si la misericordia de Dios perdona mis muchos y grandes pecados. Y creo en la Misericordia de Dios, es decir, en su Amor, por encima de todas las cosas".

"Nada quiero, nada enseño, nada proclamo nada grito ni respiro, que no quiera, enseñe, proclame, grite y respire la Santa Romana Iglesia. ¿Vale? Bueno, pues temo que ni así pueda librarme de las sacras iras humanas de los eternamente representantes de la Santa Inquisición. Pero a Dios me encomiendo, que es buen valedor, y al agua voy..."

"El 18 de diciembre de 1971 comencé en la conocida y baqueteada revista de información general y religiosa VIDA NUEVA, una humorística sección titulada CONTRAPORTADA. Se inauguró la sección bajo el patrocinio de la siguiente frase de Martin Grotjahn: "Cuando el individuo ha logrado o está a punto de lograr una relación pacífica consigo mismo, sobreviene esta apreciada característica del humor. El humor y la sonrisa se perfeccionan e integran en los estadios finales del desarrollo humano..." (Aviso para quien lo necesite que Martin Grotjahn es un psicoanalista alemán, residente en USA -como todos- y uno de los máximos estudiosos del humor. Tienes varias obras traducidas al castellano. Que yo conozca, dos: "Psicología del humorismo" y "La máscara burlona", ambas en Ediciones Morata, de Madrid. Con esta modesta publicidad le pago un poco a don Martín lo que me ha enseñado. (De nada.)".

"Pues bien, con eso de "los últimos estadios del desarrollo humano, uno, que en el fondo es un optimista, creyó que el pueblo creyente español, después de tantos siglos de creencia, de esperanza y de más o menos caridad más bien menos iba a encajar estupendamente la sección humorística CONTRAPORTADA, en la que sacábamos a colación un sin fin de trapitos no demasiado sucios, pero tampoco de lujo. La sección nacía con ganas de resultar higiénica, de hacer brotar la sonrisa y, de paso, de limpiar un poco el ambiente. ¡Cielos, la que se armó ... ! Cartas furiosas y telefonazos airados para protestar de que en CONTRAPORTADA nos reíamos de todo y de todos, que tomábamos a chirigota las cosas más santas y que dejábamos calvas, a fuerza de tomaduras de pelo, a las más santas testas del Reino de Dios. Al cabo de algunos meses de rodaje la sección duró ¡cuatro años! Nos vimos precisados a subtitular CONTRAPORTADA de la siguiente manera: "Humor con agua bendita". A ver si así... Pero nada. Menos mal que un crecidísimo porcentaje de lectores se lo tomaron por la buena e hicieron mucho más: colaborar con nosotros enviándonos un preciado material contraportadesco".

"Y ya que ha salido la cosa, debo decir que este libro lo ha hecho media España, cientos de lectores de la revista VIDA NUEVA que, semana tras semana, durante cuatro años -de diciembre del 71 a diciembre del 75-, nos enviaban cosas. Queda, pues, dicho. En general, se puede decir que el católico español no es gente de de humor. A lo más que llegan -llegamos- es a reírse de los demás. Pero eso no es el humor. Humor es saber reírse de sí mismo. Y permitir que los demás lo hagan. ¿Que con las cosas de la Religión no se juega? ¿Y quién ha dicho que el humor sea un juego? El humor es la actitud más seria y profunda del ser humano. Lo dicho, "lo de los estadios finales". Claro que, como según dicen, somos un país en vías de desarrollo, es posible que estemos también en vías de desarrollo de la fe cristiana. Ojalá".

"Al creyente sin humor le falta algo muy importante en su creencia. A veces, la peor manera de frivolizar las cosas más santas, de no tomarlas verdaderamente en serio, es tomarlas campanudamente. Y hay que reírse de lo campanudo que, sin duda, debe tener un diablo especial para ello sólo. Existe el ángel de la risa, pero sólo existe el diablo del mal humor, es decir, de la falta de humor. ¡Qué peligrosa es la gente hosca, de gesto con la mano al pecho, como si siempre esperara un retrato para la posteridad...! Era un hombre tan susceptible, tan susceptible, que le decías: "Oye, tú...", y te contestaba: "Pues anda que tú..." Hay gente así por la que debemos rezar mucho para que sus bilis se disuelvan. Y todos somos, a veces, un poco así. Por eso hay que rezar por todos. Y por mí. Gracias".

"Creo que Bernanos -que no era precisamente una campanita dicharachera- dijo algo así como que "nadie tiene una fe fuerte hasta que no es capaz de reírse de ella". No de la fe, claro, sino de algunas manifestaciones de esa fe. Pues bien, en este libro está reunido el material edificable que pudimos reunir, con ayuda de tantos, durante cuatro años de vida. En su inmensa mayoría fue publicado en VIDA NUEVA. Hay, sin embargo, especímenes que no nos atrevimos a publicar allí y que ahora hemos rescatado. Cuando el grupo GUADIANA me pidió este material para componer un libro, pensé, en un primer momento, edificar un sesudísimo tratado de sociología religiosa humorística. Por fortuna para ustedes, lectores queridos si los hay, me arrepentí a tiempo. Y mi limité a enhebrar los hilos de esta mágica tela, dividiéndolos por secciones y enlazándolos con un suave comentario que centrara las cosas para mayor facilidad del lector. Con lo cual creo que ha quedado un mamotreto muy legible que acaso les depare buenos ratos de sonrisa. Y que con su caritativa fe se lo coman".

Hasta aquí el prólogo. Bendito País.

Referencia completa: ¡Bendito país! Autor: Bernerdino M. Hernando.
Ediciones 99, S.A. Madrid 1976. 226 págs. Ils.
ISBN: 84-7116-032-3