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ELOGIO DEL ATEÍSMO Y OTRAS DIABLURAS

A finales de los años ochenta la religión era un tema que no interesaba a casi nadie. Hoy ocupa los medios de comunicación y es tema de polémica. Parece que nuestra sociedad ha sido invadida por cierto pesimismo sobre el futuro, que parecía más confortable hace años que ahora, mientras que los eternos problemas ligados a la enfermedad, el dolor o la muerte siguen ciertamente vigentes. Es en el corazón del imperio global, los Estados Unidos, donde el resurgir parece más esplendoroso. Cada fin de semana 120 millones de ciudadanos estadounidenses asisten a oficios religiosos. El integrismo político derechista, basado en la alianza entre Dios y el mercado, tiene ahí su mejor cantera, constituida por lo que se llama "el país profundo", alejado de las grandes metrópolis y reacio a aceptar muchos de los cambios producidos desde los años sesenta.

La religión no crea la moral ni es condición indispensable de ella pero siempre ha existido una moral de inspiración religiosa que ha cumplido con la misión de regular las relaciones entre los hombres además de ofrecer una felicidad ¡limitada en el otro mundo. Las creencias religiosas adoptan formas míticas. El mito es la creencia en acontecimientos sobrenaturales. Los dogmas son las convicciones básicas de cualquier religión sin los cuales perdería sus rasgos definitorios esenciales. Magia y religión están íntimamente interrelacionadas. La magia es la invocación y el uso de fuerzas sobrenaturales para obtener fines concretos y prácticos. Muchas religiones han recurrido 0 recurren frecuentemente a este tipo de actividades. Son comportamientos mágicos tanto el de la bruja que cree contactar con el diablo como el del inquisidor que la manda a la hoguera al dar por sentado que tal contacto ha tenido lugar. En realidad la gran diferencia es la complejidad de la religión que va mucho más allá de la magia porque las grandes religiones son cosmovisiones muy estructuradas que tienen la pretensión de explicar la globalidad del mundo y el origen de casi todo. La magia es más pragmática y utilitaria y sus objetivos más modestos.

A los seres humanos les gusta la seguridad aunque haya excepciones a esta regla. Nuestro mundo, tanto físico como moral, es frágil, inseguro, amenazante a veces y siempre cargado de incertidumbres. Los hombres buscan seguridades donde pueden hallarlas y, donde no, recurren a inventárselas. El rosario de creencias más o menos míticas que atraviesa la historia de la humanidad es interminable. Afortunadamente para ella a partir del siglo XVII la ciencia ha iniciado un viaje sin retorno al mundo del conocimiento objetivo con todas las limitaciones de lo que es humano que ha ido acorralando y destruyendo las viejas mitologías que habían sido las pobre muletas sobre las que se sostenía el hombre en su andadura vital. Los seres humanos han de tener el valor de afrontar su destino sin cortinas de humo que, con la excusa de ayudarles a vivir, no les permiten orientarse cor rectamente en el mundo real. En nuestra sociedad se habla mucho de religiones y poco de ateísmo. El ateísmo parece un vicio inconfesable que sólo se puede practicar en la intimidad. Los ateos deberíamos hacer un esfuerzo por salir del armario, nosotros también, provocar la polémica en los medios y exigir nuestra presencia en todo debate en el que el hecho religioso tenga algún protagonismo, sin olvidar el espacio educativo del que parece que se nos quiere excluir a favor de los rancios y caducos mitos de la cosmovisión moral religiosa. Los valores morales y la ética no precisan de justificaciones sobrenaturales que les den consistencia y los hagan creíbles.

El libro, de fácil lectura y comprensión (cosa muy de agradecer cuando se tratan estos temas) es un recorrido histórico sobre la conformación teísta de la sociedad y sus consecuencias. No en vano su autor, Gabriel García Voltà es doctor en Historia.

Título: Elogio del ateísmo y otras diabluras.
Autor: Gabriel García Voltà.
Maikalili ediciones. 2006. 163 págs.
ISBN: 84-96497-37-2 / ISBN 13: 978-84-96497-37-5