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Libros: La Lujuria del clero según los concilios.

“La lujuria del clero según los concilios” es un libro de imprescindible lectura para los anticlericales impenitentes. Digamos que es algo elemental, pero no todos los lectores son doctores en historia. Editado por “tres, catorce trece”, pertenece a la colección “Infierno de los escritos sobre el cuerpo”, dirigida por Javier Ruiz. La obra ya tiene unos cuantos años, pero la referenciamos en cuanto hemos dispuesto de una página en Internet.

Según el director de la serie “El texto que a continuación acompañamos se destaca por su absoluta falta de respeto a la lglesia como institución. Es violento pero su violencia se establece desde la verdad de unas fuentes históricas aducidas por el autor anónimo. A veces cae en el truco de mencionar fuentes apócrifas medievales (cronicones de Luitprando y otros) cuya falsedad es evidente desde el siglo XVII. En todo caso eh el siglo XIX había aparecido la HISTORIA DE LOS FALSOS CRONICONES de Godoy y Alcántara, que desmenuzaba la falsedad de muchos de estos cronicones y trataba de demostrar la mentira de lo que decían.

No obstante, otros testimonios (actas de concilios, etc.) son absolutamente fidedignos. Todavía más se podría aducir de la que aquí se contiene.

Para los concilios españoles, véase la obra de Vives, CONCILIOS HISPANOROMANOS Y VISIGODOS, editado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. A lo largo de los 37 concilios destilan cánones contra el pudor y cánones a favor del pudor verdaderamente impresionantes.

Antes hemos hablado de la 'mentira’ de los testimonios de los cronicones. A pesar de ello, la duda queda para muchos puntos”.

Tiene razón Javier Ruiz. El libro aporta una serie de datos demoledores. Los meapilas con problemas cardíacos no deberían leerlo. Aquí va un botón de muestra. Se trata de dos anécdotas sobre el Papa Alejandro VI que narra Buechard, su propio maestro de ceremonias:

"El último domingo del mes de Octubre y a la hora del anochecer, el duque de Valentinois comía en su aposento del palacio apostólico con cincuenta de esas prostitutas de alto rango llamadas cortesanas. Estas, al final de la comida, se entregaron al baile con los servidores y otros asistentes, vestidas en un principio y desnudas por completo después. Terminado el banquete, fueron puestos en el suelo los candelabros con bujías encendidas que estaban sobre la mesa, se echaron castañas por el piso y las prostitutas, desnudas y en cuatro pies (super manibus et pedibus), las recogían pasando a lo largo de las luces y por delante del Papa, del duque y de su hermana Lucrecia, allí presentes. Por último, fueron ofrecidos premios, consistentes en pañuelos de seda, zapatos, birretes, etc. etc. a los que conocieran carnalmente mayor número de las prostitutas que allí había. Así se hizo, y en el patio del palacio y en público fueron tratadas conforme se había dicho (carnaliter tractatae sunt). El Papa y sus hijos Luc recia y César distribuyeron los premios a los vencedores. ¡Vaya un torneo!”

"El 11 de Noviembre, quinto día de fiesta, entró por la puerta del Pastor un campesino que conducía dos pollinas cargadas con leña. Apenas había llegado a la plazuela de San Pedro, cuando corrieron hacia él los soldados del Papa, quienes, cortando las cuerdas y arrojando la leña y los aparejos a tierra, se llevaron las pollinas al patio interior del palacio. Una vez allí soltaron cuatro caballos sementales, sin freno ni bridas, que corrieron hacia las pollinas y, en medio de relinchos y de coces, "ascenderunt equas et coierunt cum eis" con tal furor, que las destrozaron grandemente. De pie en una de las ventanas del salón que dan al patio, el Papa Alejandro y su hija Lucrecia contemplaban la escena muertos de risa y con alegría delirante".