ARRIANISMO, CRISTIANISMO, UNIDAD E ISLAM

Existe una cierta tendencia a considerar al arrianismo y a los postulados de Arrio una especie de precedente del Islam, no se si es exacta esta consideración pero me parece que tal idea subyace en muchos argumentos esgrimidos tanto a la hora de abordar temas teológicos (por ejemplo, la doctrina de la Trinidad) como temas históricos (por ejemplo, la irrupción musulmana en la Hispania del siglo VIII y el fin del reino godo de Toledo). Tal consideración se basa en la unidad estricta que el arrianismo pretendía remarcar, en puridad la unidad no es discutida por ninguna tendencia del cristianismo, si bien la argumentación teológica a partir
de la Trinidad del credo niceno es obviamente diferente que la más sencilla exposición de Arrio. En realidad se produce una confusión al pensar que cualquiera de las primeras formulaciones cristianas es más o menos unitaria. Y todas lo son; la polémica no se produce alrededor de la idea de un único Dios, sino alrededor de la "naturaleza" de éste y, a partir de esa "naturaleza", de la sustancia de la misma. Lo que jamás se discute ni se pone en duda por ninguna corriente cristiana es la unidad de Dios.

Centrándonos en el arrianismo, ¿qué postulaba éste? Arrio comienza por desear resaltar la majestad y divinidad del Padre. Desde este postulado acaba, poco a poco, por llegar a la conclusión que dicha majestad y divinidad son incompatibles con la consideración de la divinidad de la figura del Hijo. Su argumentación final recurre a una parte de las Escrituras bíblicas y se apoya, esencialmente, en Prov. 8.22, Romanos 8.29 y Colosenses 1.15 para demostrar la diferencia entre las figuras del Padre y del Hijo, entre Dios y el Verbo. Y hay que decir que esa diferencia es una novedad, al menos en cuanto a formulación explícita, ya que la tradición afirmaba tanto la unidad de Dios como la divinidad del Verbo. En este sentido el principio del evangelio de S. Juan es clarísimo: va relacionando, punto por punto, la identificación de Dios y el Verbo y, finalmente, la identificación entre Dios, Verbo e Hijo. La conclusión de Arrio, a partir de esas diferencias, es que el Padre es divino y el Hijo no, es decir que el Padre y Dios son una misma cosa, pero el Hijo no es Dios. Al margen de la sustentación en determinados pasajes de las escrituras, la formulación, el encadenamiento lógico de la doctrina de Arrio es el que sigue:

A.- El Padre es engendrado, es decir, no creado; el Hijo es engendrado, es decir, creado.
B.- El Padre es in-principiado, es decir, sin comienzo; el Hijo es principiado, es decir, tuvo un comienzo.

De esas dos líneas argumentales se deducía que el Hijo no es igual ni consustancial al Padre. No es, pues, divino, aunque en cierta manera es Dios por denominación y adopción, no por Naturaleza. Es, también, la más perfecta de las criaturas. En cierta medida, en esta formulación es palpable la influencia del gnosticismo, cuando menos en alguno de sus aspectos, pues entre esa concepción de las relaciones entre el Padre y el Hijo y entre las figuras gnósticas de Dios y el demiurgo no hay, en el fondo, tanta diferencia.

No entraré aquí a valorar qué postura cristiana es o no la más coherente en su marco de creencias y en sus Escrituras, eso es cosa que se lo dejo a ellos, pero sí que puedo decir que la postura antagónica a Arrio, la de los monofisitas, acaba por pretender por vías opuestas algo similar a lo que deseaba Arrio: resaltar la unidad de la divinidad. Téngase en cuenta que el catolicismo y la ortodoxia griega no dejan de introducir algunos elementos de concesión hacia el arrianismo, más a su argumentación acerca de lo creado y lo increado que a su sustentación escriturística, a partir de la idea de la doble Naturaleza de Cristo.

Como decía, no entro a valorar qué postura es más o menos correcta; lo cierto es que unas y otras pueden esgrimir argumentos en base a sus escrituras, pero, y aquí es donde quería llegar, todas se basan en sus Escrituras, todas aceptan, íntegramente, la validez de las mismas y ninguna de ellas pone en duda que, en dichas Escrituras, se encuentra el mensaje divino (desde Arrio a los monofisitas, pasando por trinitarios, nestorianos, católicos, greco-ortodoxos e incluso los más recientes credos protestantes). Nadie, repito, pone en duda su validez, nadie formula la hipótesis de la necesidad de una ulterior Revelación; se considera que la Biblia cristiana, dividida en el Antiguo y Nuevo Testamento, es y contiene, en definitiva, la "Revelación". Repito, Arrio no discute en absoluto la validez del mensaje bíblico cristiano ni su formulación. Sus discusiones, como tantas otras en el cristianismo, son relativas a la interpretación de ese mensaje, no a la validez del mismo ni a la veracidad de sus fuentes. Por ello, considerar el arrianismo una especie de antecedente del Islam o un recurso argumental en su apoyo es, claramente, un error. Error que, en numerosas ocasiones, se produce a partir de una nula o muy escasa comprensión de los postulados del arrianismo (por ejemplo, no me imagino al Islam compartiendo las visiones del arrianismo sobre la existencia de un Dios y un pseudo demiurgo).El Islam no tiene preocupación por la Naturaleza de Cristo, ni por si su sustancia es la misma o no que la del Padre (cosa de la que se ocupa el arrianismo), el Islam tampoco se basa en las Escrituras cristianas (se basa en sus propias escrituras) que eran el fundamento de Arrio. El Islam considera que hay una ulterior revelación; Arrio, evidentemente no (ni la anuncia), y así podríamos seguir desgranando diferencias esenciales. Por todo ello es absurdo intentar ver en Arrio una especie de precedente doctrinal o teológico del Islam. Es, también por ello, absurdo intentar vincular históricamente a arrianos y musulmanes en determinados acontecimientos históricos, porque se parte del mismo error: considerar que ambos tenían un "cuasi mismo credo" con diferentes nombres y que, a partir de esa supuesta similitud de creencias se produjese o pudiese producir una solidaridad ideológica que se tradujese en solidaridad política. Toda teoría o hipótesis histórica basada en tal argumentación esta viciada de origen, por una sencilla razón: el Islam y el arrianismo no son lo mismo (ni siquiera parecidos). El Islam es el Islam y dice lo que dice, el arrianismo es un formulación del cristianismo y, también dice lo que dice, y ni uno ni otro dicen lo mismo, cada cual tiene su mensaje.

SAKELLARIOS - Enero 2006