LA CONTROVERSIA DEL "FILIOQUE" Y LA SEPARACIÓN DE LAS IGLESIAS GRIEGA Y ROMANA

El contexto histórico y los factores políticos.- Durante mucho tiempo las tensiones entre el cristianismo occidental -que, genéricamente, podemos denominar "romano" por la obediencia al obispo de Roma- y el oriental -liderado por el Patriarca Ecuménico de Constantinopla- fue un hecho conocido pero, a la vez, soslayado. Las tensiones se encaminaban hacia el punto de ruptura, pero en última instancia se contenían en ese punto. Además, diversas vicisitudes internas y externas en las diversas "zonas de influencia" de Occidente y Oriente (recordemos, por ejemplo, la crisis de la iconoclastia que afectó enormemente a la Iglesia de Oriente) servían para atenuar o disminuir el nivel de tensión entre las dos principales sedes del orbe cristiano. Pero ese punto de tensión alcanzó, finalmente, el punto de ruptura a inicios del siglo XI EC, y a esa ruptura nos vamos a referir a continuación.

Interesa recordar que, en las épocas a las que nos referimos, el Papa, además de ser una autoridad eclesiástica y espiritual, era también un poder temporal, luego era un poder político más junto a los Reyes y Emperadores. No era tan solo era una influencia "espiritual", era un poder político, y bien palpable, como pudo comprobar el emperador germánico Enrique IV en el incidente de Canosa, que siglos después aún era recordado por el canciller Bismarck, cuando al firmar un concordato con la Santa Sede declaraba expresamente la voluntad de que jamás pudiese repetirse otra "humillación de Canosa". Que eso era así y existía esa voluntad lo demuestran cosas tan variadas como la elaboración de la falsa donación de Constantino e incluso, siglos después, la visión de autores como Nicolás Maquiavelo, quién considera que Alejandro VI fue un gran pontífice porque... amplió los territorios italianos bajo control de la Iglesia, es decir, porque aumentó el poder político y bien terrenal de la Iglesia (y recordemos que Alejandro VI era un Borgia, digamos que su comportamiento espiritual fue, como mínimo, "peculiar"). Simplemente era el comportamiento propio de la época, y en esas épocas la Iglesia católica no se dedicaba solo a lo espiritual, sino que era un poder temporal, y bien temporal (digamos que su reino también era de este mundo); son cosas sujetas a las condiciones de cada momento histórico.

Entre las sedes de Roma y Constantinopla en realidad nunca hubo voluntad bicéfala, más bien lo que sucedió fue una competencia por la supremacía de uno, y de la negación de dicha supremacía por parte de otro. La "bicefalia" solo existió de facto en los momentos de "empate". Sencillamente el Patriarca jamás aceptó la primacía papal, y esa primacía papal no se especifica, ni en la argumentación política, ni en la ideológica y aún me atrevería a decir que ni en lo espiritual, hasta el siglo VIII. Hasta entonces los privilegios del obispo de Roma eran solo una "graciosa concesión" de la autoridad imperial (que únicamente se entendía como la del César de Constantinopla), como demuestra, por ejemplo, que esa posición de privilegio del Papa Constantino I (708-715) solo es tal tras confirmarla el emperador Justiniano II, y el Papa y sus sucesores inmediatos, que fueron todos de origen griego o siciliano, es decir, súbditos imperiales, acepta esa potestad imperial.

La independencia política respecto a Constantinopla y la asunción de un poder político temporal van de la mano de la teoría ideológico-religiosa que afirma la primacía del obispo romano, primacía que es aceptada sin ambages por la totalidad de obispos occidentales (y negada, casi con la misma unanimidad, por los obispos orientales). Por tanto, esa teoría del "privilegio divino" (y no tan solo derivado del prestigio "humano" de la sede romana) del obispo de Roma, en realidad, solo empieza a perfilarse a partir del siglo VIII, aunque su germen lo encontramos ya un poco antes, con la actuación de algunos pontífices enérgicos como, por ejemplo, Gregorio Magno.

Es más cuestionable que el Patriarca quisiese una primacía universal sobre la totalidad de la Iglesia; más bien buscaba, en general, reafirmar su independencia (y en ese sentido su igualdad) de la sede romana y también reafirmar su propio poder sobre su específica "zona de influencia", que consideraba fuera del control o de la influencia pontificia. Eso, en la práctica y en momentos puntuales, se tradujo en esa "bicefalia inexacta" que antes mencionaba, y es "inexacta" porque fue circunstancial. En realidad nunca hubo una teoría según la cual ambos obispos eran "cabezas de la Iglesia", en el fondo uno (el obispo de Roma) acabó defendiendo el derecho a su primacía absoluta, y el otro (el Patriarca Ecuménico) negaba esa primacía y afirmaba, en cierta medida, la igualdad (relativa políticamente hablando, pero absoluta jurídicamente hablando) de toda sede episcopal y la autoridad completa de cada obispo en su sede. Por eso el cristianismo oriental y, después del cisma, la iglesia greco-ortodoxa, jamás tuvo el menor problema en aceptar la existencia de patriarcados autónomos e iglesias "nacionales". Eso ocurre con rusos y búlgaros, por ejemplo, que tan solo reconocen una "primacía honorífica" al obispo de Constantinopla.

Hasta aquí, hemos estado hablando de los aspectos histórico-políticos; a continuación, veremos los aspectos doctrinales y teológicos del cisma que se plasmaron en el Filioque.

El Filioque.- La disputa teológica inicial en realidad es una cuestión muy poco importante, casi nimia,-y eso se consideró: una nimiedad, tanto en la época del cisma como después y, sin embargo, aún perdura.

En puridad, los conflictos entre Roma y Constantinopla menudearon con especial intensidad a partir del siglo VIII, incluso hubo un previo amago de Cisma entre ambas sedes que duró entre el 858 y el 879, pero, ese episodio acabó reconduciéndose. La ruptura definitiva (hasta ahora) la provocó la crisis del "filioque".

La palabra "filioque" es una forma de latín medieval que significa "y del Hijo", dicha palabra es introducida oficialmente en las fórmulas litúrgicas y en el Credo por el Papa en el siglo XI (en el 1014), quedando la fórmula litúrgica como sigue: "Creo en el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria" (naturalmente todo esto se estableció en latín, pero aquí indico la versión traducida). ¿Cual es el problema?, pues el problema es que para el Patriarca eso (que en cierta medida ya era desde hacia algún tiempo costumbre no oficial de la liturgia occidental) era salirse de lo establecido en los concilios de Nicea y Constantinopla (que conforman el denominado credo niceno-constantinopolitano), porque, según el Patriarca, allí no se establecía que el Espíritu Santo procediese "del Padre y del Hijo" sino solo "del Padre", por tanto, el Patriarca exigió la retirada oficial de la fórmula "y del Hijo" -es decir, "filioque"- en la liturgia. Exigió igualmente la retirada de otras innovaciones (al menos él las consideraba así), como la de consagrar pan ácimo (sin levadura) para la misa. De hecho, en 1053 y en un gesto de fuerza, el Patriarca Miguel Cerulario ordenó el cierre de todas las iglesias latinas de Constantinopla por "practicar el judaísmo" por la utilización del pan ácimo para la Eucaristía, además de algunas otras consideraciones secundarias. En otras palabras, el Patriarca se erigió en defensor de la ortodoxia. De ahí que a la Iglesia griega y a las iglesias orientales que la apoyaron se les denomine "ortodoxas".

Sí la palabra "filioque" se hubiese retirado es muy posible que las otras diferencias se hubiesen soslayado, pero el tema del "filioque" fue considerado más importante de lo que, en principio, podía ser un mero formulismo, porque afectaba a la procedencia del Espíritu Santo. Dicho de otro modo, fue una especie de reedición menor de las antiguas controversias cristológicas sobre la naturaleza del Hijo, pero, en esta ocasión versada sobre la procedencia (no sobre su Naturaleza, pues ambas Iglesias consideraban que era divina) del Espíritu Santo. No era un problema referente al concepto de la Trinidad en sí, puesto que, como ya he dicho, ambas partes estaban de acuerdo en que las tres personas eran divinas, pero sí era un problema en relación a la "jerarquía" o a las "relaciones" que se establecían entre dichas tres personas.

Para aclarar las cosas (las teológicas y otras de carácter más político), el Papa León IX envió de Roma a Constantinopla una legación encabezada por el cardenal Humberto da Silva Candida, para negociar con el Patriarca Miguel Cerulario. Pero una serie de factores, además de las antipatías institucionales y personales, contribuyeron a incrementar la confusión. Un ejemplo elocuente es el mismo hecho idiomático. Pensemos que Roma introducía un termino latino (en su versión medieval) en un Credo que se expresaba en latín, mientras que el Oriente se expresaba en griego y utilizaba el griego en la liturgia, así que la Filología contribuyó, de forma curiosa, a dificultar aún más el entendimiento, pues era más difícil no solo ponerse de acuerdo con lo que se decía sino en el significado de lo que se decía. Y la cuestión empezó a
derivar, incluso, hacia cómo entendían el Espíritu Santo unos y otros, y, desde ahí, a la misma concepción de cómo "funcionaba" la Trinidad (que no sobre la Naturaleza divina de las tres personas divinas, en eso, en la unicidad trina, estaban de acuerdo). En la parte oriental ese asunto derivó en una auténtica y teológicamente rica "pneumatología", es decir, la "ciencia" que estudiaba o versaba sobre el Espíritu Santo.

Volviendo al cisma, este se produjo el 16 de julio de 1054, cuando el legado pontificio excomulga al Patriarca Miguel Cerulario y este, a su vez, excomulga al legado. Digamos que ese seria el momento "oficial" de la ruptura. También hay que decir que tras él, casi inmediatamente, comenzaron los intentos de reunificación y acuerdo, que se suceden en 1062, 1072 y 1089, pero sin llegar a ningún acuerdo. Hay incluso otro intento en 1438, en el Concilio de Florencia (cuando ya era inminente la caída de Constantinopla ante los turcos), pero, de hecho, las excomuniones mutuas (que no el fin del Cisma, que se mantiene) solo se levantaron en...1965, cuando el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras llegaron a ese acuerdo (que solo afectó a aquella excomunión del 1054...).

En resumen, esa es la historia del cisma entre la Iglesia católica romana y la Iglesia ortodoxa hasta hoy. Si la reunificación se produce o no, es cosa que queda en manos de ambas iglesias y… del futuro

SAKELLARIOS - Enero 2006