EL ENIGMA DEL OBISPO MARTIR

Capítulo 1: NO DE FRANCO AL CANJE

El asesinato o muerte de monseñor Manuel Irurita Almandoz, el obispo de Barcelona entre 1930 y 1936, sigue siendo un enigma que se agranda a medida que aparecen nuevos documentos. Cuando se cumplen 70 años de la detención por las milicias anarquistas del llamado Obispo Mártir, objeto de un proceso de beatificación en el Vaticano, La Vanguardia publica una serie sobre el estado de la cuestión y aporta nuevos y reveladores documentos.

Un documento del Vaticano abona la tesis de que Manuel Irurita Almazán (1876-1936?), obispo de Barcelona, no fue asesinado la noche del 3 de diciembre de 1936 por milicianos de la CNT-FAI en el cementerio de Montcada tal como se ha venido afirmando. El citado documento, localizado por el historiador Hilar¡ Raguer en los llamados archivos secretos del Vaticano, certifica que en octubre de 1937, es decir, diez meses después del presunto fusilamiento, Franco y la Santa Sede negociaban la liberación de Irurita con las autoridades republicanas.

El documento citado es un informe que monseñor lldebrando Antoniutti, incargato d'affari de la Santa Sede ante el gobierno de Burgos, traslada al secretario de Estado del Vaticano, monseñor Eugenio Pacelli, que sería dos años más tarde elegido Papa Pío XII. En el documento, fechado en Burgos el 9 de octubre de 1937, Antoniutti da cuenta a Pacelli de la conversación mantenida con el general Franco, tras la entrega de credenciales. Uno de los asuntos tratados entre el militar sublevado y el enviado de la Santa Sede es el intercambio de prisioneros entre la República y los rebeldes. Escribe Antoniutti que Franco "mi disse poi, che sta occupandosi per liberare il Vescovo di Barcellona. Ne ha giá proposto il cambio con un detenuto civile di Valenza".

La fecha de la muerte

La fecha de la muerte del obispo Irurita no es una cuestión baladí porque de ella podría depender el buen fin del proceso de beatificación que se sigue en el Vaticano. El enigma acerca de cuándo, dónde y cómo murió aquel obispo se agranda cada día que pasa. La historia es sintéticamente como sigue. Manuel Irurita Almazán, sacerdote navarro y carlista, fue nombrado obispo de Barcelona en 1930 y se distinguió por su carácter extravertido, que le hizo muy popular, y por su enfrentamiento con las autoridades de la República así como con el cardenal Vidal i Barraquer, arzobispo de Tarragona. Tras la sublevación militar del 18 de julio, Irurita huyó de la sede del obispado y halló refugio en casa de los hermanos Tort, unos joyeros barceloneses que vivían en la calle del Call, 17.

Fruto de una delación, el 1 de diciembre de 1936, el próximo viernes hará 70 años, una patrulla de milicianos irrumpía en el piso de la calle del Call para llevarse a Francesc y Antoni Tort, a la hija de uno de ellos, Mercé, a dos monjas, llamadas Montserrat y María, y al obispo de Barcelona, Manuel Irurita Almazán, y a su sobrino, Marcos Goñi Almazán, sacerdote que le hacía de asistente. El obispo y su pariente se identificaron sólo como curas vascos. Los detenidos fueron trasladados primero al Poblenou y después al centro de detención de la calle Sant Elies para ser interrogados. La noche del 3 al 4, según aparece en la Causa General (informe realizado por el franquismo sobre los asesinatos en el bando republicano), el obispo, su asistente y los hermanos que les habían dado refugio fueron asesinados en el cementerio de Monteada. Los cadáveres de aquellos desventurados, junto con otras 1.600 víctimas del terror rojo, fueron exhumados en 1940. En un clima de fervor patriótico y religioso, poco costó identificar los restos del obispo. Lo cierto es que, convertido en obispo mártir, en 1943 sus restos eran trasladados solemnemente a la catedral y eran enterrados a los pies del Cristo de Lepanto, lugar de culto de los barceloneses.

La beatificación

Cuando las relaciones con la Santa Sede lo hicieron posible se empezó a trabajar en la beatificación del obispo Irurita. Desde 1959, su familia, creyentes catalanes y navarros y círculos carlistas se propusieron el objetivo de elevar al obispo a los altares. Un empeño que renació durante el pontificado de Juan Pablo II, cuando se retomaron las beatificaciones de religiosos víctimas de la Guerra Civil. En 1999, el arzobispado de Barcelona concluía un informe en favor de la beatificación con un estudio antropomórfico y del ADN de los restos del obispo, que lo presentó como positivo, y remitió el proceso al Vaticano.

Pero a medida que se profundizaba en la investigación fueron apareciendo dudas razonables sobre su asesinato: desde quien, días después de la entrada de las tropas de Franco en Barcelona, se topó en la calle con Irurita, hasta milicianos que niegan su asesinato o documentos que indican, aunque no demuestran, que el obispo estaba vivo en noviembre de 1937.

Monseñor Irurita fue durante buena parte de 1937 objeto de proyectos de canje de prisioneros entre los dos bandos según se documenta en el archivo personal del cardenal Isidro Gomá y Tomás, arzobispo de Toledo y primado de España desde 1935 hasta 1940. La primera mención es del 9 de marzo de 1937, es decir, tres meses después del fusilamiento de Montcada, en el que Gomá se refiere a un canje de Irurita propuesto por un canónigo vasco, Alberto Onaindía. Dice más adelante que "se lleva la cosa con el máximo sigilo, por la situación especialísima del personaje, que se podrá describir".

Gravísima situación

Más adelante, Gomá comunica al cardenal Pacelli la postura de Franco sobre la propuesta de canje del obispo de Barcelona por Pedro María Irujo, abogado nacionalista vasco sentenciado a muerte por espionaje y que era hermano del entonces ministro sin cartera de la República, Manuel Irujo, del PNV. Según Gomá, "el general Franco está en la mejor de las disposiciones pero, dice, choca con la cuestión de principio: no puede indultar ni canjear a un hombre como Irujo, so pena de desvirtuar totalmente la aplicación de la justicia militar en lo sucesivo, especialmente cuando haya de liquidarse la cuestión de los dirigentes vascos. En cambio, añadió, pidan el número de rehenes que quieran, ocho, diez, o más, aunque sean de calidad, pero no calificados como el Sr. Irujo, y yo tendré la satisfacción de entregarlos a cambio del Sr. Obispo".

En la documentación del archivo Gomá hay referencias a la situación del obispo Irurita. A mitad de marzo de 1937, el arzobispo de Toledo escribe al Vaticano que le informan de que el obispo Irurita "no está en una casa particular y con el nombre de un supuesto sacerdote vasco, sino que está preso en el castillo de Montjuich, en Barcelona mismo, y sabiendo sus aprehensores que se trata del señor Obispo de la Ciudad. Se trataría de canjearlo así: El Gobierno Nacional entregaría a Don Pedro María Irujo, dirigente vasco que está en el castillo de San Cristóbal, en Pamplona, condenado a muerte; y el Gobierno de Euzkadi entregaría, en derecho, un solo rehén, un aviador alemán apresado en Bilbao; pero, de hecho, entregaría también al Sr. Obispo de Barcelona, de acuerdo con la Generalidad. No figuraría en los pactos el nombre del Sr. Obispo para que nunca apareciese como cotizado en un canje de rehenes".

"Tal es la situación gravísima del Sr. Obispo de Barcelona, cuya vida peligra en extremo si no se puede llegar a un acuerdo en cuestión de rehenes", alerta Gomá a Pacelli, quien acaba con una nota de esperanza: "Por su parte, el Gobierno Nacional agenciará con la Cruz Roja Española 'con la máxima urgencia y todo interés' palabras del General Franco el canje del Sr. Obispo".

Pío XI enterado de la gestión

E1 16 de marzo de 1937 Onaindía propone al cardenal Gomá "un plan de liberación del Excmo. Sr. Obispo de Barcelona basado en la falsificación de documentos" que "no creo (que) comprometa ni perjudique nada de ésta al interesado, siempre que obremos con discreción y prudencia". El 7 de abril, el secretario de Estado de la Santa Sede, el cardenal Pacelli, escribe a Gomá agradeciéndole las gestiones para liberar a Irurita "prigionero en quella città". Añade que el Papa Pío XI está informado y que está "vivamente complacido (...) al tiempo que expresa su paterno reconocimiento por esta obra" y "su ardiente voto para que ulteriores pasos que Vuestra Eminencia se propone dar sean coronados por el éxito deseado".

Pasan varios meses y los rumores de que el obispo Irurita había sido asesinado circulaban entre círculos católicos. Sin duda, los captores de Irurita podían haberle asesinado y sin embargo negociar un canje. Pero hay varias notas que indican que se encuentra vivo. El 25 de septiembre de 1937, el cardenal Gomá escribe a Pacelli que Irurita no ha sido asesinado, como se había rumoreado, sino que "el Excmo. Sr. Presidente de la Cruz Roja Española nos hizo saber que, aprovechando el interés que tenía el llamado gobierno de Valencia por un destacado partidario suyo detenido por las autoridades españolas, había propuesto el canje del Excmo. Sr. Obispo de Barcelona, asegurándonos, además, que según las últimas noticias vivía aún". Sigue Gomá informando a Pacelli que "al mismo tiempo, por referencias de un sacerdote que en estos días ha logrado evadirse de Barcelona, se nos confirma la gratis¡ma noticia de que el señor Obispo no ha sido asesinado, con la seguridad de que únicamente conocen su paradero los señores Irujo, Nicolás d'Olwer y el Rvdo. Pablo Rovira, párroco de San Pablo del Campo, de Barcelona".

El primero de octubre de 1937 una nota del Servicio de Información del Nordeste de España (Sifne), que dirigía desde Biarritz el abogado catalán José Bertrán y Musitu, dice que "el Sr. Obispo de Barcelona, Sr. Dr. IRURITA, vive bajo custodia de gentes de GARCíA OLIVER" (dirigente de la CNT-FAI). Gomá escribe que "personalmente traté el asunto con el Generalísimo quien me hizo ver (...) que no había paridad entre los sacerdotes inocentes y los rojos que vueltos al país rojo podrían ser muy dañinos a la causa nacional". Concluye el cardenal Gomá que "es asunto del que convendría ocuparse con todo interés para no ser responsables ante Dios y ante la historia por no haber hecho cuanto, estaba en nuestra mano por evitar tamaños males".

Esta documentación indica que Franco y sus servicios de espionaje, así como la jerarquía eclesiástica española y la Santa Sede tenían datos de que Irurita no había sido ejecutado en diciembre de 1936. Si fue ejecutado junto a su sobrino y los hermanos Tort en el cementerio de Montcada, o fue asesinado más tarde, o fue objeto de un intercambio secreto es uno de los grandes interrogantes de esta historia.

Josep M. Sòria

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Capítulo II: REVELACIONES DE UN MILICIANO
Capítulo III: IRURITA APARECE VIVO TRAS LA GUERRA
Capítulo IV: UNA AMBIGUA PRUEBA DE ADN