EL ENIGMA DEL OBISPO MARTIR

Capítulo 2: REVELACIONES DE UN MILICIANO

El manuscrito de un miembro de las patrullas de los Comités de Milícies Antifeixistes abre un gran interrogante sobre la detención y muerte del obispo de Barcelona, Manuel Irurita Almándoz, el cual, como es sabido, ha sido tradicionalmente considerado víctima de un fusilamiento por un grupo de milicianos en la madrugada del 3 al 4 de diciembre de 1936 en un muro del cementerio de Montcada. El manuscrito en cuestión explica que, tras la detención de varias personas en la calle del Call de Barcelona entre las que se encontraba el prelado barcelonés, éste pudo ser desagregado del grupo y entregado a un consulado, lo que motivó un fuerte malestar entre los milicianos.

En un piso de Londres

Miquel Mir es autor de un interesante y celebrado trabajo, Entre el roig i el negre (Edicions 62, 2006). El libro está fundamentalmente basado en 48 cuadernos manuscritos de un miliciano anarquista barcelonés, al que llama Josep. El citado documento
fue hallado en un piso de Londres, junto con otros muchos objetos requisados durante los primeros meses de la guerra civil española, parte de una herencia a la que Mir tuvo acceso en tanto que especialista archivero y documentalista.

En ese manuscrito, escrito en un castellano y en un inglés muy deficientes, el autor narra en primera persona y con mucha precisión palizas, atracos, secuestros, saqueos de casas e iglesias, detenciones de curas y gentes de derechas, asesinatos y la apropiación de un copioso botín. Josep participó en la mayoría de los hechos que narra en tanto que militante de CNT-FAI y conductor de un camión que transportó detenidos y objetos requisados. Miquel Mir ha ido rehaciendo el tenebroso periplo de Josep y lo ha certificado en una buena parte, al tiempo que ha devuelto a los herederos de los propietarios los objetos hallados en Londres.

Uno de los aspectos narrados por el miliciano de la FAl es la detención del obispo Irurita en Barcelona. Como es sabido, el primero de diciembre de 1936, varios milicianos se presentaron en la calle del Call, número 17, primer piso, donde vivían los hermanos Francesc y Antoni Tort Rexach, joyeros, a los que detuvieron junto con el obispo Irurita y su sobrino, que se hicieron pasar por sacerdotes vascos, dos monjas, María y Montserrat, y la hija de uno de los hermanos Tort, Mercé. Todos ellos fueron conducidos primero a la sede del comité en Poblenou, donde hasta hace poco se hallaba el Ateneu Colón, y allí pusieron en libertad a Mercé. El resto fueron trasladados al centro de detención o checa de la calle Sant Elies, donde fueron interrogados y luego los cuatro hombres conducidos al cementerio de Montcada, donde serían ejecutados y enterrados en una fosa común.

Un sacerdote segregado del grupo

Sin embargo, en el manuscrito del miliciano Josep se explica que uno de los sacerdotes fue segregado del grupo, de forma que no fue trasladado al lugar de la ejecución. El manuscrito dice textualmente: "Havíamos tenido de detenido al Irurita heste que hera ovispo de Barcelona en nuestro centro de detención sin que ninguno de nosotros nos hubieramos henterado. hubo muchas discusiones entre los patrulleros y mala leche ya que sospetchabamos que el cura que lo havian degado en livertad nuestros cabecillas a canvio de joyas hera el Ovispo de Barcelona. pero según nos digueron nuestros cabecillas cuando les preguntamos los patrulleros por el cura que habían sacado del centro de detención si hera el ovispo la respuesta fue que lo havian entregado a un consulado porque el consul lo havia reclamado a canvio de entregar información a la CNT-FAI. Y como Manuel Escorza siempre había dado ordenes que siempre teníamos que respetar a los consulados a las lojías Masonicas que también pasaban información a los cavecillas de las patrullas de control".

Miquel Mir explica a La Vanguardia que lo narrado por Josep no es inverosímil. Otros dos testigos de aquellos hechos en el centro de Sant Elies le han confirmado al autor de Entre el roig i el negre que, efectivamente, cuando corrió el rumor de que habían detenido y liberado al obispo de Barcelona hubo malestar entre los patrulleros de Sant Elies y pidieron explicaciones al jefe del centro, Silvio Torrent.

Tres y no cuatro los ejecutados

Cuentan estos testigos a Miquel Mir que fue el propio Torrent el que, la mañana anterior a la ejecución, se llevó a uno de los curas detenidos en su propio coche. Nadie dio importancia a aquel hecho, puesto que era costumbre, cuando un detenido afirmaba saber dónde había joyas escondidas, trasladarlo hasta el lugar de referencia y, en la mayoría de los casos, era liberado con posterioridad. Por lo que de la detención de la calle del Call, según estos testigos, los ejecutados en Montcada habrían sido tres y no cuatro.

Miquel Mir, que trabaja en la actualidad en la historia de los Comités de Milícies Antifeixistes, explica que éstos estaban estructurados en once secciones de patrullas, distribuidas por barrios y coordinadas por Aurelio Fernández. Su centro de operaciones estaba en el número 617 de la Gran Vía de Barcelona, Los formaban unas 700 personas y dependían orgánicamente de la Junta de Seguretat de la Conselleria d'lnterior. Estas patrullas estaban dedicadas a servicios de protección de la Generalitat y entre sus cometidos estaba realizar controles, identificaciones e incluso detenciones. Pero no las ejecuciones.

En paralelo, había el Comité de Defensa, formado por una treintena de personas, que dependían directamente de Manuel Escorza, que era el encargado del servicio de investigación interior de la CNT-FAI. Del servicio de información exterior estaba encargado José Minué, cuñado del primero. Escorza era barcelonés, hijo de un militante anarquista. En su infancia padeció una poliomielitis que le produjo una parálisis permanente. A causa de la atrofia de las piernas, era de muy baja estatura, se desplazaba con muletas y no permitía que nadie le prestara ayuda. Era una persona muy culta, dura y agria, con una enorme fuerza de voluntad y muy temido, por lo que adquirió fama de siniestro. De él dijo el líder anarcosindicalista García Oliver que era "un tullido de cuerpo y alma". Desde el ático de Via Laietana, 30, donde había estado el domicilio de Francesc Cambó que Escorza se incautó, éste dirigía a sus patrullas con una eficacia sobresaliente en lo que atañe a la información y a la represión. Por esas razones, Miquel Mir afirma que no es inverosímil que Escorza hubiera ordenado apartar al obispo Irurita a cambio de información. Incluso apunta que tampoco es descabellada la entrega del obispo al consulado francés también para obtener información de Francia. Claro está que todo ello no son más que conjeturas, aunque desde los medios anarquistas investigados por Mir afirman con contundencia que ellos no ejecutaron al obispo Irurita.

Josep M. Sòria

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Capítulo 1: NO DE FRANCO AL CANJE
Capítulo III: IRURITA APARECE VIVO TRAS LA GUERRA
Capítulo IV: UNA AMBIGUA PRUEBA DE ADN