UNA AMBIGUA PRUEBA DE ADN

Los análisis del cadáver del obispo Irurita son concluyentes, pero no determinantes

El enigma de la muerte del obispo Manuel Irurita Almándoz no se resolvió cuando, en 1999, un grupo de forenses practicó pruebas antropomórficas y de ADN de los restos depositados, desde 1943, en un sarcófago al pie del Cristo de Lepanto, en la catedral de Barcelona. Las conclusiones de aquellos informes, especialmente el de la composición genético-molecular, fue presentada de forma concluyente, pero no es determinante.

Un familiar por vía materna

Según la nota del arzobispado de Barcelona del 11 de enero del 2000, los restos pertenecen a "un familiar por vía materna, tal como un hermano biológico, de las señoras Regina y Raimunda Irurita Almándoz, y por tanto pertenecen con una muy alta probabilidad, superior al 99,9%, al Excmo y Rvdmo. Mons. Manuel Irurita Almándoz". Pero no se descarta que pudieran pertenecer a los de su sobrino, el sacerdote Marcos Goñi Almándoz, que fue ejecutado junto a los hermanos Tort en Montcada.

La identificación a principios de los años cuarenta del cadáver del obispo Irurita se hizo basándose en la información de la viuda de uno de los hermanos Tort, que reconoció un jersey que ella había tejido durante los más de cuatro meses que el obispo y su sobrino habían permanecido refugiados en su casa. También Juan Carol Monfort dentista, reconoció como del obispo una dentadura (1) y se dio por válido el testimonio de Juan Canela Graner, que escapó del grupo en el que fue fusilado el obispo.

Desde que se produjo la detención de Irurita y las otras seis personas en la calle del Call, inmediatamente corrió por Barcelona que el religioso de Barcelona había sido fusilado y se le empezó a nombrar como el obispo mártir, aunque durante 1937 se gestionó el canje del obispo Irurita. Finalmente se impuso la creencia de su asesinato que perdurará a pesar de los testimonios que le vieron vivo después de terminar la guerra.

Calle del obispo Irurita

Apenas cinco meses después de la entrada de las tropas de Franco en Barcelona, el 17 de junio de 1939, se celebró en la catedral el solemne funeral y le fue dedicada la calle del Bisbe, que pasó a llamarse del Obispo Irurita. Rendir honores a los mártires de la Cruzada formaba parte de la liturgia nacionalcatólica y se convocó una colecta para erigir un monumento. La imagen, obra de Vicenç Navarro, fue dispuesta en el exterior del palacio episcopal e inaugurada en diciembre de 1943, con motivo del traslado de los restos del obispo a la catedral.

Éste fue un emotivo acto al que acudió una larga lista de autoridades encabezadas por el capitán general Moscardó. El féretro fue paseado por una Barcelona enlutada y se rezaron responsos a su paso por la plaza Catalunya, la iglesia de Betlem y la plaza Sant Jaume, antes de llegar a la catedral. La Vanguardia del 11 de diciembre de 1943 describía el "espectáculo de esta ciudad enfervorizada y reverente, postrada en oración ante los despojos mortales del mártir glorioso". Monseñor Modrego, el arzobispo de Barcelona, narró en la oración fúnebre los últimos momentos de Irurita. "Hay testimonio de que sus postreras palabras dirigidas a sus verdugos fueron éstas, llenas de mansedumbre, pero también de fortaleza: 'Me ponéis un vestido blanco sin daros cuenta. Os perdono y os bendigo. Soy vuestro obispo', dando por sentado que ante el pelotón el obispo se identificó. La apertura del proceso de beatificación del obispo Irurita fue anunciada en marzo de 1959, aunque el proceso quedó estancado cuando Pablo VI suspendió beatificaciones de víctimas de la Guerra Civil. La causa se reabrió en 1994, durante el papado de Juan Pablo II y el arzobispo monseñor Carles lo justificó "por su fama de santidad y mártir por la fe".

Para los partidarios de la beatificación del obispo Irurita, uno de los grandes obstáculos para su éxito siempre fueron los testimonios de los Aragonés y del doctor Raventós Santomá, razón por la cual se hicieron pruebas de los restos mortales depositados en la catedral. Fue a finales de 1999 y los encargados de efectuar las investigaciones fueron dos destacados científicos. De una parte, el profesor titular de Medicina Legal y Forense de la Universidad del País Vasco, doctor Francisco Etxeberria Gabilondo, que hizo el informe antropomórfico. Y de otra, el profesor Ángel Carracedo Álvarez, del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Santiago de Compostela, que realizó el estudio de ADN.

Orificio de bala en la zona occipital

Los informes no se han hecho públicos. Se dice que los restos pertenecen a un hombre de complexión alta, el obispo Irurita no era de gran estatura, que tiene un orificio de bala en la zona occipital. El estudio del ADN se hizo mediante la técnica mitocondrial, a través de la línea mat erna, la mejor para la identificación de cadáveres. Del informe se desprende, según la nota de prensa del arzobispado, que "los restos enterrados... corresponden a un familiar por vía materna, tal como un hermano biológico, de las señoras Regina y Raimunda Irurita Almándoz y, por tanto, pertenecen, con una muy alta probabilidad, superior al 99,9%, al Excmo. y Rvdmo. Mons. Manuel Irurita Almándoz".

El profesor Carracedo explica a La Vanguardia que las muestras estaban "en muy buen estado", lo que permitió un informe identificatorio "concluyente y con grado de probabilidad máximo". A la pregunta de si la probabilidad se mantendría en caso de tratarse de un primo o de un sobrino por vía materna, el doctor Carracedo respondió que "puede ser un familiar por vía materna. Cuanto más se aleje el parentesco, menor será el grado de probabilidad". ¿Puede deducirse que los restos también pueden pertenecer a un familiar por vía materna, es decir, al sobrino de Irurita, Marcos Goñi Almandoz? Carracedo contesta con un lacónico "puede".

En conclusión, el enigma de monseñor Irurita sigue generando más interrogantes que respuestas. Además de la documentación a la que se hizo referencia en el primer capítulo de esta serie, un recientísimo trabajo del historiador Joan Bada en la revista Pregó demuestra que afinales de 1938, dos años después de su fusilamiento, todavía se hacían gestiones para liberar al obispo de Barcelona, junto al de Teruel, monseñor Polanco, que fue asesinado el 7 de enero de 1939. Esta documentación, junto al testimonio de milicianos sobre una posible separación del obispo del grupo fusilado en Montcada, así como los de los feligreses que le reconocieron en Barcelona tras la guerra, las condiciones en las que se ealizó la exhumación en 1940 y, finalmente, los informes forenses no permiten una conclusión cierta sobre la fecha ni la causa de la muerte de aquel obispo de Barcelona que cuenta, setenta años después de su detención, con muchos devotos que veneran su santidad.

Josep M. Sòria - La Vanguardia

-------

(1) Nota de Mundolaico.- Posteriormente a la publicación de este episodio, un sobrino del Dr. Carol Monfort, en nombre de sus hijos, ha escrito una carta a La Vanguardia desmintiendo que su tío reconociera la dentadura. Afirma poseer una copia del certificado que firmó el dentista y que de ella no puede deducirse tal reconocimiento.

-------

Capítulo I: NO DE FRANCO AL CANJE
Capítulo II: REVELACIONES DE UN MILICIANO
Capítulo III: IRURITA APARECE VIVO TRAS LA GUERRA