DEGRADACIÓN INTELECTUAL

No sirven de nada suposiciones "acrónicas" acerca de cómo podría haber evolucionado, cultural y religiosamente España, en caso de no haberse institucionalizado en ella el mutuo denunciarse obligatoriamente por herejes. Son interesantes las observaciones de Menéndez Pelayo acerca de un pequeño "concilio" de teólogos españoles ocasionado por los "errores" de Pedro de Osma (maestro admirado de Nebrija) acerca de la confesión, dos años antes de crearse la Inquisición española. Aunque el reo puede ser considerado retrospectivamente como "el primer protestante español" y el procedimiento seguido contra él tiene analogías con algunos de la Inquisición (en particular con la junta que examinó en 1527 las opiniones de Erasmo sospechosas de protestantismo) se vio una libre discusión de las ideas de Osma, dando pareceres benignos algunos de sus "colegas" de Salamanca, y no mostrando "la menor animosidad personal" los más decididos impugnadores. Claro que era muy distinta de la coyuntura de movilización antiluterana la de 1478, en la que resultó condenada la heterodoxia de Osma como "un hecho aislado", "voz perdida de los wiclefitas y hussitas en España ... ; le elogiaba años después Antonio de Nebrija". Añado yo que no recayó sobre él nota infamante.

Una vez montado el sistema de la obligatoria delación mutua y del procedimiento judicial infamante, simbolizado por los sambenitos de los autos de fe, era fatal que se degradara y empobreciera en gran medida el ambiente intelectual. Hizo falta valor y temple espiritual poco común para afirmar los perseguidos, con su apego a la novedad perseguida, la conciencia de la propia valía, y para salir fortalecidos en su fuero interno por la persecución. Esta fortaleza es la que expresó el gran Fray Luis de León al adoptar su emblema del árbol podado con el lema horaciano varias veces parafraseado por él, ab ipso ferro (Od., IV, 4, v. 57 60). Puso en la portada de varios libros suyos entre otros Los nombres de Cristo (1583), este emblema de la encina "desmochada con hacha poderosa, que de ese mesmo hierro que es cortada cobra vigor y fuerza renovada".

A fines del siglo XIX (1895) se acordó Unamuno de tan expresiva imagen al enjuiciar la Inquisición, en sus ensayos En torno al casticismo (V) corno "instrumento de aislamiento de proteccionismo casticista, de excluyente individualización de la casta... Impidió que brotara aquí la riquísima floración de los países reformados donde brotaban sectas y más sectas, diferenciándose en opulentísima multiformidad. Así es que levanta hoy aquí su cabeza calva y seca la vieja encina podada". Algunas páginas antes decía Unamuno del Santo Oficio, "más que institución religiosa, aduana de unitarismo casticista. Fue la razón raciocinante nacional ejerciendo de Pedro Recio de Tirteafuera del pobre Sancho. Podó ramas enfermas, dicen, pero estropeando el árbol... Barrió el fango... y dejó sin mantilla el campo".

Marcel Bataillón. Historiador y profesor del Colegio de Francia.