VI.- LOS CHUETAS.

Sin embargo, el episodio más trágico de este período fue el concerniente a los chuetas de Mallorca. Se denominaba así a los descendientes de los judíos bautizados en aquella isla en la Baja Edad Media. Tras una etapa persecutoria en la época de los Reyes Católicos gozaron de una larga tolerancia, a pesar de que se sospechaba que seguían practicando en secreto su antigua religión. Practicaban en Palma diversas artesanías, se dedicaban al comercio, al préstamo y acaparaban gran parte del numerario circulante. A partir de 1675 empezaron las persecuciones y en 1679 más de doscientas personas de aquella minoría fueron condenadas a confiscación y otras penas. Atemorizados, sintiéndose objeto de constante vigilancia y en peligro de perder no sólo los bienes sino la vida, trataron de huir secretamente, pero la tentativa fue descubierta y en
varios autos celebrados a fines de aquel siglo fueron relajados en persona o en estatua, sesenta y tres, y muchos otros reconciliados. La segregación que ya exista se agravó desde entonces hasta límites extremos; todos los cargos públicos les estaban vedados y los matrimonios mixtos prohibidos, si no por la ley, por la costumbre.


Más sobre los chuetas (Por Quema).

La presencia judía en Mallorca se remonta a la época romana. El "Call" o barrio judío fue uno de los más importantes del Mediterráneo medieval. En esta zona de la ciudad vivieron grandes personalidades relevantes de la cultura y el saber, como el rabino Simó ben Tsemah Durán, el célebre talmudista Ionah Desmaestre, o el reconocido médico Iudah Mosconi. Asimismo acogió a grandes astrónomos como Isaac Nifoci, Vidal Efraim y los cartógrafos Cresques Abraham y su hijo Iafudah Cresques, cuyas cartas de navegación son famosas en todo el mundo.

Sobre el término "chueta" (xueta, en mallorquín), existen varias teorías. Hay quien afirma que procede de "juetó", diminutivo de "jueu" (judío). Otros afirman que viene del francés "chouette" (lechuza). La versión más probable es la que obtuve de un anciano mallorquín, que me aseguró que era un diminutivo de "xua" (xulla) que es como se denominaba al tocino o a la manteca de cerdo.

Se cree que los chuetas originales son los descendientes de los 15 condenados en el auto de fe de 1691, en cuyo sambenito llevaban escrito su apellido. Esos 15 apellidos fueron, desde entonces, malditos y la conversión de sus descendientes sospechosa. Para demostrarlo, los cristianos viejos de Mallorca, les exigían que los viernes comiesen tocino (xulla, xua) en público. Los 15 apellidos malditos son: Aguiló, Arbona, Bonnin, Cortés, Forteza, Fuster, Martí, Miró, Pinya, Pomar, Segura, Tarengi, Valentí, Valeriola y Valls.

Los judíos vivían en el "Call", que llegó a ser uno de los barrios judíos más importantes del Mediterráneo. El saqueo del call en 1391 y la expulsión o la conversión forzosa de los chuetas en 1435 supone un hito trágico en la historia de esta comunidad, cuyos descendientes, conversos al cristianismo, seguirían siendo discriminados social y legalmente durante muchos siglos. En el siglo XVII aún existían comunidades judaizantes que mantenían la religión, aunque la Inquisición -a fuerza de condenas a la hoguera- podrá con ellos. A los que conozcan Mallorca les diré que el terreno que existe entre la plaza de Gomila y el bosque del castillo de Bellver era el lugar donde se quemaba a los judíos condenados a la hoguera. Era conocido como "El fogón de los chuetas". En 1720 se dictó la última condena a muerte a un judaizante, pero esto no supuso el cese de la animadversión cristiana hacia los chuetas: en1823 se registra un feroz ataque popular contra el call.

A finales del s. XIX, cierto párroco de Palma encargó el sermón correspondiente a la misa de la fiesta parroquial a un sacerdote chueta. Al enterarse del origen chueta del predicador, la muchedumbre, enfurecida, incendió el púltpito desde que el que se había atrevido a predicar el sacerdote chueta. La controversia pública que tal acontecimiento provocó se plasmó en diversas publicaciones en las que cada parte daba su versión. El resultado de todo ello fue que la marginación de los chuetas se vio incrementada.

El seminario no los admitía como estudiantes. Los jóvenes con vocación sacerdotal tenían que ordenarse en seminarios de la península, pero incluso en estos casos, el odio de los sacerdotes mallorquines hacia ellos era notorio. En una ocasión, un sacerdote chueta que fue a decir misa en la catedral, se encontró con un trozo de tocino dentro del misal. El cura, como es lógico, se marchó de la isla.

Hoy día todo esto está superado, pero las reticencias contra los chuetas persistieron hasta finales del siglo XX.