LA REPRESIÓN CULTURAL

II.- El "sospechoso" Nebrija

Con tales antecedentes no sorprende que en los primeros años del siglo XVI Antonio de Nebrija, príncipe de los humanistas españoles, tropiece con la hostilidad del Inquisidor general Fr. Diego de Deza, aunque la Inquisición, durante los dos decenios que llevaba funcionando, apenas se había ocupado de otra cosa que de perseguir conversos judaizantes.

El humanista ya glorioso por su obra de gramático y filólogo en el campo de la lengua latina y de la materna, había anunciado su propósito de dedicarse de lleno a "la gramática de las Letras sagradas", es decir, a la exégesis literal y crítica textual de la Biblia, apoyándose en el cotejo de la Vulgata con los originales griegos y hebraicos, sin hacer caso del prejuicio tradicional de los teólogos y canonistas, según el cual, los griegos y los judíos habían alterado sus propios textos de la Escritura para desvirtuar pasajes utilizados por los católicos romanos en su apologética. Bastaba este propósito para alertar a los enemigos del humanismo.

Sólo conocemos este episodio de la vida de Nebrija por la protesta del interesado en una Apología que dirigió al nuevo Inquisidor general Cisneros contra su antecesor Fr. Diego de Deza. Este, dice el humanista, por no tener medio de censurar la obra emprendida, solicitó una orden del poder real para apoderarse de los papeles del sospechoso "no tanto para aprobar o reprobar el trabajo como para disuadir al autor de querer escribir".

Claro que esta amarga queja la podía formular impunemente ante Cisneros, vencedor en su competición con Deza y bastante abierto a la corrección de los textos bíblicos -salvando la autoridad de la Vulgata- para llevar adelante la edición de la Biblia Poliglota de Alcalá. Pero sería seguramente un error el reducir el conflicto y su feliz desenlace a una divergencia de criterios entre dos Inquisidores generales.

Todo lo que sabemos de la Inquisición nos induce a imaginar la máquina perseguidora funcionando ya conforme a su procedimiento constante. "Esta defensa de nuestro método exegético" -dice Nebrija- "la hemos escrito cuando éramos acusado de impiedad ante el Inquisidor general porque sin conocimiento de la literatura sagrada nos metíamos en una labor que no conocíamos fiándonos de la sola gramática".

Pero "acusado", ¿por quién? Las denuncias salieron seguramente del ambiente universitario de Salamanca, cuyos métodos, lejos de saludar la obra de Nebrija como base y promesa de una nueva cultura cristiana, la recibieron con aspavientos como una intrusión en el santuario de las disciplinas consagradas.

Se jactaba Nebrija de haber emprendido desde la Universidad de Salamanca, como desde una fortaleza conquistada por él, la lucha contra la barbarie medieval; pero sobreentendía que quedaban los enemigos intramuros. Se permitía ironizar contra ellos. Incluso en la ocasión de dedicar al Consejo universitario una edición revisada de los Himnos, el único de los libros menores utilizados por los latinistas principiantes que no metía a los pobres en un abismo de rutina, se disculpa de no haber brindado todavía frutos de su labor profesional a sus colegas: "en parte" -dice- "porque entendía que mis estudios resultarían poco gratos a los más de vosotros, y hasta sospechosos y odiosos a algunos". Deseoso sin embargo de imprimir algunos textos de literatura sagrada y eclesiástica depurándolos conforme a su frustrada vocación exegética, se decide a ofrecer al magnífico Consejo de la Universidad ("splendidissimo nomini vestro") su revisión de los Himnos.

No dudamos de que la fuerza adversa que llevó. a Nebrija a verse reo ante la Inquisición había sido la repulsa del dogmatismo misoneista contra la libertad intelectual de una nueva cultura más ágil, de la que nuestro filólogo era exponente egregio pero aislado, expuesto a las más burdas sospechas. Salió adelante gracias al apoyo de Cisneros. Con algunos años de retraso pudo publicar su "Tertia quinquagena" de notas críticas al texto de la Biblia que mejoraban la interpretación literal sin rozarse con ninguna controversia dogmática.