LA REPRESIÓN CULTURAL

IV.- Tufillo luterano.

La actuación de la Inquisición española contra el erasmismo es solidaria, inseparable, de la defensa general del catolicismo contra el peligro protestante, o como se decía entonces, los errores de Lutero y sus secuaces. No puede considerarse como puro ardid táctico de la represión inquisitorial contra los discípulos de Erasmo el tratarlos como reos o sospechosos de luteranismo, Nótese que seguía siendo privilegio del erasmismo el que no se fulminara entonces ninguna condena formal contra él, que no sólo León X, sino los pontífices siguientes y varios cardenales, amén de muchos prelados cultos en toda la cristiandad, fuesen partidarios de una reforma de la cultura católica y hasta de la devoción cristiana por un espíritu afín al propagado por Erasmo. Por eso no es tan contradictoria como podría parecer a primera vista la actuación ?al fin y al cabo indulgente? de la Inquisición frente al erasmismo.

Cuando el Enchiridion, en 1527, se difunde en España con creciente éxito, traducido al castellano por un canónigo ilustrado de Palencia, es Inquisidor general el arzobispo de Sevilla Don Alonso Manrique, bastante amigo del erasmismo para aceptar la dedicatoria de dicha traducción, cuyo contenido prácticamente abona. Téngase en cuenta también la tensión existente entre la Santa Sede y el Emperador, cuyas tropas acaban de saquear la Ciudad Eterna en la primavera del mismo año: gracias al apoyo del Canciller Gattinama y de Alfonso de Valdés, secretario de la cancillería, va a firmar Carlos V una carta condenando los ataques contra la persona de Erasmo, documento que, reproducido en latín y castellano al final de varias traducciones de obras erasmianas, parece concederles respaldo oficial. Muchos, entonces, cuentan con la posible convocatoria de un Concilio impuesto a la Curia romana por el Emperador para reformar la Iglesia. Era importante, además, para los erasmistas, el que Erasmo se hubiese distanciado doctrinalmente del luteranismo afirmando el libre albedrío en vez de dar el salto mortal del "siervo albedrío", proclamado por Lutero como fórmula del poder incontrastable de la gracia divina, sin posible admisión de méritos del creyente para su salvación.

Pero, por fuerte que fuese la situación del erasmismo frente a sus impugnadores españoles, era imposible que no se viese denunciado a la Inquisición como luteranismo larvado, sobre todo después del Edicto de 1525 contra los "alumbrados" o "dejados" del reino de Toledo, es decir los secuaces de Isabel de la Cruz y Pedro Ruiz de Alcaraz ya encarcelados y procesados por delaciones que remontaban a 1519 y manifestaban por cierto afinidad más patente que la del erasmismo con el luteranismo en su rechazo del libre albedrío y de las devociones externas.

Sin que la piedad del "Enchiridion" erasmiano enseñara el "dejarse" o abandonarse a la moción divina, cargaba lo bastante el acento sobre la interiorización de la religión y el culto en espíritu para que fuese tentador el denunciarla como variedad de "iluminismo", herejía ya condenada en España, y no sólo como proluteranismo. Y no es de extrañar que la tropa de choque del antierasmismo se reclutara entre los religiosos mendicantes, franciscanos y dominicos. Ya años antes de lanzar el "Enchiridion" y su lapidaria fórmula (que suavizó el traductor español) "monachatus non est pietas", (ser monje no supone forzosamente piedad auténtica), Erasmo, recién salido del convento de Steyn, había escrito su primer manifiesto en pro de la incorporación de las letras grecolatinas a la cultura cristiana, conforme al programa realizado por algunos Padres de la Iglesia, de San Jerónimo en adelante.