OFENSIVA DE LA CLERICALLA EPISCOPAL CONTRA LA SOCIEDAD CIVIL

Arrecian los ataques de la Iglesia contra una sociedad que aspira a verse libre de su influencia, más mafiosa que espiritual. Desde que el gobierno socialista ganó las últimas elecciones ven agresiones a diestro y siniestro, confundiendo el no someterse a sus caprichos como un ataque a la religión. Es curioso: son ellos los que agreden y acusan a los demás de ser agredidos. Lo hacen con una desfachatez que daría risa si no fuera porque esconde un trasfondo dramático. Su verborrea no tiene límites y puede llegar a ser peligrosa, porque están desenterrando los fantasmas de 1936. Se atreven incluso a hablar de "mártires". Pero sus bravatas -de momento- no cuelan, y la sociedad civil, dando muestras de serenidad que la clericalla no merece, se dedica a reclamar el derecho a que su vida no se vea emponzoñada por los caprichos clericales.

En la enésima reunión que los purpurados perpretan desde que los socialistas ganaron las últimas elecciones, el tío Rouco se destapó con unas declaraciones incendiarias en las que reclamaba más dinero de los presupuestos del Estado para la Iglesia y más poder para su adoctrinamiento en las escuelas públicas y privadas. En la declaración final los obispos lanzaban un espectacular rebuzno reiterando -por si alguien no lo supiera- "la decisión de la Iglesia de no renunciar a su influencia política". Amparada en su magisterio moral, la Iglesia fijaba criterios sobre derechos y libertades, y se ponía en guardia frente a un hipotético laicismo realizando maniobras políticas cuya finalidad parece ser la de resucitar un partido al estilo de la CEDA. Lamentable y peligrosa actitud.

Frente a todos estos ataques contra la sociedad civil, ya empiezan a cobrar entidad las voces de personas y entidades que protestan contra los ataques clericales. En Cataluña, el Parlamento estudiará un texto, referente al proyecto de nuevo Estatuto, que enumera los principios de que ha hecho gala la izquierda en dos grandes apartados: derechos y deberes y principios rectores. Entre otros aspectos se alude al derecho a una "enseñanza pública, laica y de calidad".

No son solo los parlamentos. Las organizaciones promotoras de la campaña "Por una sociedad laica, la religión fuera de la escuela", reclaman ayer al Gobierno que no ceda ante la "intensa campaña" de la Iglesia católica, que tiene "la finalidad de preservar sus históricos privilegios en la escuela y en diversos ámbitos del Estado". Estas asociaciones celebrarán en Madrid un acto reivindicativo por una escuela laica el miércoles 24 de noviembre.

Las organizaciones laicas abogan por sacar la asignatura de catolicismo del currículo escolar; la derogación de los acuerdos de España con el Estado del Vaticano, firmados en Roma en 1976 y 1979; no pagar el adoctrinamiento religioso con dinero público y la defensa de una enseñanza científica y humanística, "en donde no se segregue a ningún alumno como consecuencia de sus creencias". También desean una escuela que eduque sin dogmas, en la pluralidad y el respeto a los derechos humanos, y en ideales no sexistas. Rosa Regás, Almudena Grandes, Lucía Etxebarría, José Luis Sampedro, Vicente Aranda y Maruja Torres son algunos miembros de la comunidad cultural que respaldan estas iniciativas por una escuela laica.

Hay que continuar por ese camino. Tenemos que favorecer este tipo de sociedades y hacer cuanto esté en nuestras manos para no dar un paso atrás. Todos sabemos lo que significa una Iglesia con poder: pensamiento único, negación del conocimiento, lucha contra la ciencia y la libertad, índices de libros prohibidos y hogueras para los discrepantes.