LA ENSEÑANZA EN MANOS DE LA IGLESIA

La prioridad más prioritaria de cuantas prioridades prioriza la Iglesia Católica es la educación. Cada vez que un gobierno se decide a dar un paso a favor de la enseñanza pública, la Iglesia abre sus dos cajas, la fuerte y la de los truenos y organiza campañas de publicidad contra la pretensión del gobierno, acusándolo de persecución religiosa, de vuelta a la quema de conventos o de fusilamiento de curas (que el Papa se encarga de seguir canonizando). En resumen, que volvemos a los tiempos de Diocleciano.

Pero conviene recordar lo que ha hecho la Iglesia cuando ha tenido el monopolio de la enseñanza. Todos hemos oído hablar de las barbaridades pedagógicas del nacionalcatolicismo, pero pocos conocen la realidad de la enseñanza en los dos siglos pretéritos.

El bajo nivel de la educación en España hasta bien entrado el s. XX se remonta a principios del s. XVIII, y el principal responsable de ello es la Iglesia, que controlaba la enseñanza en las universidades y proporcionaba la mayor parte de los profesores. Los lectores de Saint Simon recordarán la historia del cardenal Borja, quien, cuando alguien le hablaba en latín, respondía que él no había estudiado francés.

En 1773, la Universidad de Salamanca ignoraba aún a Descartes, Gassendi y Newton y en sus cursos de teología se debatían cuestiones tales como el lenguaje en que hablaban los ángeles o si el cielo estaba hecho de metal de campanas o de un líquido parecido al vino (Ballesteros, tomo VI, p. 288).

En la generación anterior, la misma universidad se había negado a establecer una cátedra de matemáticas propuesta por Felipe V y uno de sus profesores, el jesuita padre Rivera, declaraba que la ciencia era completamente inútil y que sus libros debían ser mirados como obra del demonio (Altamira, tomo IV, p. 257). Una de las acusaciones por las que Olavide, famoso comisario real de Carlos III, fue condenado y obligado a hacer penitencia por la Inquisición, era la de creer en el sistema de Copérnico.

No obstante, a finales del siglo XVIII tuvo lugar una importante renovación. El rey fundó en 1770 los Estudios Reales de San Isidro en Madrid corno escuela de segunda enseñanza, y también el Colegio Imperial, para procurar la más elevada formación a un escogido número de alumnos y, antes de finalizar el siglo, el Consejo de Castilla estaba discutiendo planes sobre la educación obligatoria por el Estado. En 1806 fue adoptado un proyecto de creación en toda España de escuelas de tipo Pestalozzi. Pero dichas reformas eran propugnadas por el reducido número de personas ilustradas que gobernaban el país contra los deseos de la Iglesia, y las guerras que vinieron después (en las que la Iglesia tuvo un papel principalísimo), destruyeron tan prometedores comienzos. En 1840 la educación en España estaba más o menos al nivel de 1740. (J. Tanski, "L'Espagne en 1843 et 1844" y G. Hubbard, "Histoire de l'Espagne", tomo I, página 296).

El estado de la instrucción primaria entre las clases trabajadoras era, claro está, mucho peor. La actitud de los gobernantes ante esta cuestión puede resumirse en la frase de Bravo Murillo, uno de los ministros meapilas más influyentes de Isabel II: "¿Ustedes desean que yo autorice una escuela a la cual asistan 600 trabajadores? No en mis días. Aquí no necesitamos hombres que piensen; lo que necesitamos son bueyes que trabajen". Cuando, pocos años más tarde (en 1854), un gobierno reaccionario y clerical aprobó una ley haciendo obligatoria la enseñanza para todos, se entendía que las escuelas primarias debían quedar sometidas al control de la Iglesia. Éste era realmente el propósito de la ley, ya que no fue votado crédito alguno para otro tipo de escuelas.

La pretensión de la segunda república de acabar con tal estado de cosas costó a España mucha sangre y el nacionalcatolicismo supuso un continuismo de este concepto de escuela. Esto es lo que hay. Y esto es a lo que vamos a llegar si cedemos a las campañas eclesiales que pretenden imponer su modelo educativo. Un modelo que todos sabemos cuál es y por el que muchos no estamos dispuestos a pasar.

Quema - www.cagondios.com