RELIGIÓN Y VIOLENCIA

1. LAS INDIGNACIONES SELECTIVAS

La posibilidad de seleccionar citas a discreción en los tres libros del monoteísmo hubiese podido dar buenos resultados: bastaba con transformar la prohibición deuteronómica de matar en un absoluto universal sin tolerar ninguna excepción, con poner de relieve la teoría evangélica del amor al prójimo, prohibiendo todo lo que contradijera aquel imperativo categórico y con apoyarse por entero en el sura coránico según el cual asesinar a un hombre es equivalente a eliminar a la humanidad entera, para que de pronto las religiones del Libro se volvieran recomendables, benévolas y deseables.

Si los rabinos prohibiesen que se pueda ser judío y asesinar, colonizar y desterrar a pueblos enteros en el nombre de la religión; si los curas condenaran a quien quitase la vida a su prójimo; si el Papa, el primer cristiano, tomase siempre partido por las víctimas, los débiles, los indigentes, los desempleados, los excluidos, los descendientes de la pequeña comunidad de
fieles de Cristo; si los califas, los imanes, los ayatolás, los mulás y otros dignatarios musulmanes cubrieran de oprobio a los fanáticos de las armas y a los asesinos de judíos, cristianos e infieles; si todos los representantes del Dios único en la Tierra optasen por la paz, el amor y la tolerancia: en primer lugar, lo hubiésemos visto y sabido enseguida, y entonces hubiésemos podido sostener a las religiones en sus premisas, luego contentarnos con condenar el uso que hicieran de ella los malos y los malvados. En lugar de eso, las practican a la inversa, eligen lo peor, y salvo rarísimas excepciones puntuales, singulares y personales, favorecen siempre en la historia a los jefes militares, los soldados brutales, los ejércitos, los guerreros, los violadores, los saqueadores, los criminales de guerra, los torturadores, los genocidas y los dictadores -excepto los comunistas...-, lo más vil y despreciable de la humanidad.

Pues el monoteísmo se inclina por la pulsión de muerte, ama la muerte, quiere la muerte, goza de la muerte y está fascinado con ella. La da, la distribuye masivamente, amenaza con ella y pasa al acto: desde la espada sanguinaria de los judíos que exterminaban a los cananeos hasta la utilización de aviones de línea como proyectiles voladores en Nueva York, pasando por el lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, todo se hace en nombre de Dios, con su bendición, pero sobre todo con la bendición de los que lo invocan.

Hoy en día, el gran rabinato de Jerusalén fustiga al terrorista palestino cargado de explosivos en las calles de Jaffa, pero guarda silencio sobre el asesinato de los habitantes de un barrio de Cisjordania destruido por los misiles de Tsahal. El Papa desaprueba la píldora como responsable del mayor genocidio de todos los tiempos, pero defiende abiertamente la masacre de cientos de miles de tutsis por los hutus católicos de Ruanda; los más altos tribunales del islam mundial denuncian los crímenes del colonialismo, la humillación y la explotación a la que los ha sometido y somete el mundo occidental, pero se alegran de la jihad mundial llevada a cabo bajo los auspicios de Al-Qaeda. Fascinados por la muerte de goys, impíos e infieles, los tres, por otra parte, consideran al ateo como el único enemigo en común.

Las indignaciones monoteístas son selectivas: el espíritu corporativo funciona de lleno. Los judíos tienen su Alianza, los cristianos, su Iglesia, y los musulmanes, su Umma Los tres tiempos escapan a la Ley y disfrutan de una extraterritorialidad ontológica y metafísica. Todo se defiende y justifica entre los miembros de la misma comunidad. Un judío, Ariel Sharon, puede (mandar) exterminar a un palestino el poco defendible jeque Yassin... , y no ofende a Yahvé, porque el asesinato se lleva a cabo en su nombre; un cristiano, Pío XII, tiene el derecho de justificar a un genocida que asesina judíos Eichmann pudo salir de Europa gracias al Vaticano , no disgusta al Señor, porque el genocida venga el deicidio atribuido al pueblo judío; un musulmán el mulá Omar puede (mandar) arrestar a mujeres acusadas de adulterio y complace a Alá, puesto que el cadalso se levanta en su Nombre... Detrás de todas esas abominaciones, versículos de la Torá, pasajes de los Evangelios, suras del Corán que legitiman y bendicen....

En cuanto la religión empieza a tener resonancias públicas y políticas, aumenta en forma considerable su poder de causar daño. Cuando nos basamos en un fragmento de uno u otro de los tres libros para explicar lo bien fundado y la legitimidad del crimen perpetrado, la fechoría se vuelve inatacable: ¿podemos ir en contra de la palabra revelada, del dicho de Dios o de la exhortación divina? Pues Dios no habla, excepto con el pueblo judío y con unos cuantos iluminados a los que envía a veces un mensajero, una virgen por ejemplo, pero el clero lo hace hablar con facilidad. Cuando se expresa un miembro de la Iglesia, y cita los pasajes de su libro, oponerse a él es igual que decirle no a Dios en persona. ¿Quién cuenta con suficiente fuerza moral y convicción para rechazar la palabra (de un hombre) de Dios? La teocracia vuelve imposible la democracia. Mejor aún: la sospecha de teocracia impide la existencia misma de la democracia.

2. LA INVENCIÓN JUDÍA DE LA GUERRA SANTA

A tal Señor, tal honor. Los judíos inventaron el monoteísmo e inventaron todo lo que trae consigo. El derecho divino y su correlato obligado: el pueblo elegido enaltecido, los otros pueblos humillados, lógica coherente; pero también, y sobre todo, la fuerza divina necesaria para el apoyo de ese derecho proveniente del Cielo, pues el brazo armado permite que sea eficaz en la tierra. Dios dice, habla, sus profetas, los mesias y sus diversos enviados interpretan su discurso, inaudible de otro modo. El clero transforma todo eso en consignas defendidas por tropas engalanadas, acorazadas, decididas y armadas hasta los dientes. De ahí surge la trifuncionalidad fundante de las civilizaciones: el Príncipe, representante de Dios en la Tierra; el Sacerdote, proveedor de los conceptos del Príncipe; y el Soldado, fuerza bruta del Sacerdote. El Pueblo paga siempre el costo de la perfidia teocrática.

Los judíos inventaron la dimensión temporal de lo espiritual monoteísta. Mucho antes que ellos, el Sacerdote actuaba conjuntamente con el Rey; la camaradería era primitiva, prehistórica y antediluviana. Pero el Pueblo Elegido se hizo cargo de esa lógica inteligente y práctica: hay que organizar la Tierra a la manera del Cielo. En el campo de la historia, hay que reproducir los esquemas teológicos. La inmanencia debe asumir las reglas de la trascendencia. La Torá cuenta las cosas sin rodeos.

En el Monte Sinaí, Dios habla con Moisés. El pueblo judío era débil en esa época, estaba amenazado con el extermino por las guerras con los pueblos de los alrededores. Se necesitaba, sin duda, el apoyo de Dios a fin de poder pensar en el futuro con serenidad. Un Dios único, belicoso, militar, implacable, dirigiendo la lucha sin piedad, capaz de aniquilar a los enemigos sin compasión, espoleando a sus tropas: he ahí a Yahvé, cuyo modelo es, como Mahoma, el del jefe militar tribal investido de galones cósmicos.

Dios promete a su pueblo elegido, preferido, seleccionado entre muchos otros, separado del vulgo, su "bien particular" (Éx. 19, 5), un país "de propiedad perpetua" (Gén. 17, 8). ¿Habita ese país gente modesta? ¿Un pueblo cultiva allí el campo? ¿La tierra alimenta a los niños y a los ancianos? ¿Los hombres maduros cuidan el ganado? ¿Las mujeres traen niños al mundo? ¿Educan a los adolescentes en ese lugar? ¿Adoran a sus dioses? Poco importan esos cananeos. Dios ha decidido aniquilarlos: "Los exterminaré", dice (Éx. 23, 23).

Para conquistar Palestina, Dios recurre a procedimientos decisivos. En términos polemológicos contemporáneos, digamos que inventa la guerra total. De paso, divide las aguas del mar, ahoga a un ejército entero ¡nada de medias tintas! , detiene el Sol para que los hebreos tengan tiempo de exterminar a sus enemigos amoritas (Jos. 10, 12 14) amor al prójimo, cuando te apoderas de nosotros(1)... , hace llover piedras y ranas un poco de fantasía , envía un ejército de mosquitos y tábanos nada de mezquindades , transforma el agua en sangre ~un toque de poesía y color , manda la peste, las úlceras y las pústulas los comienzos de la guerra bacteriológica... , a lo que agrega lo que la soldadesca practica desde siempre: el asesinato de todo lo que vive, mujeres, ancianos, niños, animales (Éx. 12, 12). La devastación, el incendio y el exterminio de pueblos enteros no son, como vemos, una invención reciente.

Yahvé bendice la guerra y a los que la hacen; santifica la lucha, la dirige y la conduce, no en persona, por cierto un ectoplasma tiene dificultadas para portar armas , sino como inspiración para su pueblo; justifica los crímenes, las muertes, los asesinatos, legitima el exterminio de inocentes ¡matar animales como a hombres y a hombres como animales! . Humano mientras no se trate de cananeos, puede proponer la esclavitud en vez de la lucha, como señal de bondad y amor. A los palestinos les prometió la destrucción total, la guerra santa según la expresión aterradora hipermoderna del libro de Josué (6: 21).

Desde hace dos mil quinientos años, ningún miembro responsable del pueblo elegido ha reconocido que esas páginas provienen de la fábula, de las necedades y ficciones prehistóricas en extremo peligrosas, hasta criminales. Muy por el contrario. En la totalidad del planeta hay una cantidad considerable de personas que viven, piensan, obran y conciben el mundo a partir de esos textos que llevan a la carnicería generalizada, sin que hayan merecido censuras alguna vez con respecto a su publicación por incitar al asesinato, al racismo y a otros actos de violencia. En las yeshivás, se estudia para conservar la memoria de esos pasajes en los cuales no se cambia ni una coma, y menos aún se toca un solo cabello de Yahvé. La Torá propone la primera versión occidental de numerosas artes de la guerra publicadas a través de los siglos.

3. DIOS, CÉSAR & CÍA

Los cristianos no se quedan atrás en cuanto a reclutar a Dios para sus crímenes. No hay necesidad de ser el pueblo elegido ni de justificar el exterminio de un pueblo que molesta por su destino de mejor alumno entre los partidarios de Cristo; sólo basta con recurrir a la palabra de Dios a fin de garantizar las artimañas temporales de una religión que fue muy espiritual en su momento. La conversión del Jesús humillado a las humillaciones que se llevan a cabo en su nombre es rápida y fácil, y la manía perdura entre los cristianos.

Aquí también la selección de citas resulta muy útil: recurramos a Juan, por ejemplo, para lo siguiente: "Mi reino no es de este mundo" (18, 36); pero remitámonos a Mateo para lo contrario: "Dad al César lo que es del César; a Dios lo que es de Dios" (22, 21). La primera subraya la superioridad de lo espiritual y el desinterés por los asuntos terrestres; la segunda, la separación de poderes, sin duda, pero promulga al mismo tiempo un legalismo de hecho, pues dar al César justifica el pago del impuesto al ejército de ocupación, el consentimiento a la conservación de los ejércitos y a la sumisión a las leyes del imperio.

La aparente antinomia se resuelve cuando acudimos a Pablo de Tarso. Pues el cristianismo se aleja del judaísmo al transformarse en paulinismo. Y las epístolas a los diferentes pueblos que visitó el tarsiota conforman la doctrina del Iglesia respecto de las relaciones entre lo espiritual y lo temporal. Pablo cree que el reino de Jesús será de este mundo: quiere que sea posible y contribuye a su concreción en el aquí y ahora; por eso, sus viajes de Jerusalén a Antioquía, de Tesalónica a Atenas, de Corinto al Éfeso. El converso no se contenta con la tierra prometida robada a los cananeos; quiere todo el planeta bajo el signo de Cristo blandiendo la espada.

La Epístola a los Romanos lo muestra con claridad: "No hay autoridad sino bajo Dios" (13: l). Ésa es la teoría. A continuación, en la práctica, elogia la sumisión a las autoridades romanas, partiendo del principio de que los representantes de la autoridad son, ante todo, ministros de Dios. Pablo impide la salida con eficacia: desobedecer a un militar, rechazar a un magistrado, resistir a un prefecto de policía o rebelarse contra un procurador Poncio Pilatos, por ejemplo... son ofensas contra Dios. Volvamos a escribir, pues, las palabras de Cristo a la manera paulina: dad al César lo que es del César, y al César lo que es de Dios, para pagar las cuentas...

Provistos de este viático ontológico, los cristianos empezaron muy pronto a vender el alma inútil, en adelante, para practicar los evangelios al poder temporal; se instalaron en la pompa y boato de los palacios; recubrieron de mármol y oro sus iglesias; bendijeron los ejércitos; santificaron las guerras ex~ pansionistas, las conquistas militares, las operaciones policíacas; crearon impuestos; enviaron tropas contra los pobres que se quejaron; y encendieron las hogueras..., todo ello, desde Constantino, en el siglo IV de nuestra era.

La historia es testigo: millones de muertos, millones, en todos los continentes, durante siglos, en el nombre de Dios, con la Biblia en una mano y la espada en la otra: la Inquisición, la tortura, el tormento; las Cruzadas, las masacres, los saqueos, las violaciones, la horca, el exterminio; la trata de negros, la humllación, la explotación, la servidumbre, el comercio e mbres, mujeres y niños; los genocidios, los etnocidios por los conquistadores cristianos, desde luego, pero también, en años recientes, por el clero ruandés junto a los exterminadores hutus; la camaradería con todos los fascismos del siglo XX: Mussolini, Pétain, Franco, Hider, Pinochet, Salazar, los coroneles griegos, los dictadores de América del Sur, etc. Millones de muertos por amor al prójimo.

Michel Onfray (Tratado de ateología)

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1. Alude a la frase de La Fontaine: "Amour, amour quand tu nous tiens..." ("Amor, amor, cuando te apoderas de nosotros...") (N. de la T)