¿GUERRILLERO O "GUERRILLASTA"?

(Juan G. Bedoya. EL PAÍS 30-5-2006)

Benedicto XVI castigó la semana pasada al fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, con la renuncia "a todo ministerio público" y a que lleve "una vida discreta de penitencia". Estaba acusado de abusos sexuales a seminaristas y era un protegido del Juan Pablo II. Ha sido la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio de la Inquisición), que dirigió durante décadas el actual Papa, la encargada de investigar las acusaciones de pederastia. Maciel no será sometido a proceso canónico por "su edad avanzada (86 años) y frágil salud", dijo Roma. Algunas víctimas de Maciel viven en España, donde los Legionarios de Cristo tienen universidades, seminarios y numerosos colegios.

"Catilina está en el corazón de Roma, y Cicerón no hace nada para aplacarlo". Esta es la sensación agridulce de un ex seminarista de los Legionarios de Cristo, después de ver cómo el papa Benedicto XVI castiga al ostracismo a Marcial Maciel, el fundador, pero "echa piropos" a su poderosa organización. El ex legionario oculta su identidad, y dice hablar en nombre "de una legión" de ex compañeros. Sí hablan, en cambio, los denunciantes que, sometidos a abusos sexuales en el seminario de Ontaneda (Cantabria) cuando eran niños o muchachos, se unieron en 1998 para sentar al fundador legionario en el banquillo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, entonces dirigida por el cardenal Josep Ratzinger. Entre ellos, destaca Alejandro Espinosa. Fue uno de los predilectos del padre fundador en el frío caserón de Ontaneda y hoy vive retirado en el campo mexicano, con estrecheces económicas y, aún, amenazado por sus antiguos correligionarios.

Las palabras de Espinosa las subraya un sacerdote de la Legión residente en Madrid, ya jubilado, también firmante de la denuncia. Unos en Ontaneda, y otros en seminarios de México, todos sufrieron abusos sexuales de su padre confesor. Fueron sacerdotes, la mayoría. Algunos, como Félix Alarcón, lo siguen siendo. Tardaron en "contactarse", pero al final fueron "atando datos", dicen, hasta llenar de credibilidad una denuncia, que llegó al Vaticano, ante Ratzinger, cuando todavía no habían explotado los escándalos de pederastia en la Iglesia de Estados Unidos.

He aquí la identidad de algunos de los denunciantes: además de Espinosa, los hermanos Fernando y José Antonio Pérez Olvera, Samuel Barrales, Arturo Jurado, Juan José Vaca, José Barba y Félix Alarcón. La gota que colmó el vaso de su paciencia fue una frase de Juan Pablo II, amigo y protector de Maciel. El fundador de los Legionarios de Cristo es "un guía eficaz de la juventud", dijo el papa polaco, de visita en México. Era en 1994. Con este sorprendente piropo del distraído pontífice, el fundador legionario, que iba para los altares según el polaco, empezó su caída a los infiernos de la Iglesia romana.

El 25 de marzo de 2005, en el vía crucis del Coliseo, el cardenal Ratzinger, que se preparaba para suceder a Juan Pablo II con un discurso apocalíptico sobre la mala situación del catolicismo, sobre todo en Europa, exclamó: "¡Cuánta suciedad hay en la Iglesia, e incluso más entre aquellos que en el sacerdocio deberían pertenecer enteramente a Cristo". Ya papa, como Benedicto XVI, llama a sucederle en la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio de la Inquisición) a un prelado norteamericano, el ya cardenal William Levada, especialmente sensibilizado con los escándalos de pederastia que algunos de sus colegas, como el cardenal de Boston, habían protegido u ocultado.

Los días de gloria de Maciel, y los de los Legionarios como uno de los movimientos preferidos del papado, estaban contados. Ocurrió el lunes pasado, cuando el Vaticano comunicó en un boletín de su oficina de prensa que Maciel quedaba obligado a renunciar "a todo ministerio público" (misa, presencia pública, confesión...), tras realizar un "examen atento" de las denuncias por abusos sexuales, muchas en España, presentadas contra él.

Pero Maciel y los suyos, unos 70.000 entre curas, seminaristas y miembros laicos, tienen esta semana una ocasión de oro para demostrar sus poderes al Vaticano. No lo harán a las puertas de Roma, como Catilina, sino en el corazón de la Santa Sede. El próximo sábado el Papa se ha comprometido a recibir ante la imponente basílica de San Pedro a los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades de la Iglesia católica, que este martes inician su II Congreso Mundial en Rocca di Papa, cerca de Roma.

Entre todos los movimientos convocados a Roma -se espera la presencia en los debates de al menos 250 delegados, además de representantes de la curia y obispos de todos los países-, los Legionarios de Cristo ocupan lugar destacado, a la par quizás del Opus Dei, el Camino Neocatecumenal de Kiko Argüello y el movimiento italiano Comunión y Liberación.

No se descarta que el Vaticano haya precipitado la condena a Maciel para neutralizar la presencia legionaria en el congreso y en la manifestación ante el Papa. Roma tampoco excluye que la organización de Maciel intente hacerse un auto-homenaje ese día, exhibiendo su fuerza de convocatoria, esa que tanto admiraba Juan Pablo II. Las simpatías de éste hacia los legionarios se exhiben como una de los motivos que han llevado a Roma a limitar a un simple ostracismo sacerdotal el castigo a Maciel. Sólo una semana antes de que el tribunal de la Santa Sede notificara la reapertura de la investigación contra el fundador, éste celebró sus 60 años de sacerdote en el Vaticano en un acto al que asistieron Juan Pablo II y su secretario de Estado, cardenal Angelo Sodano.

El grupo Legionarios de Cristo, fundado en México en 1941 -sus estatutos fueron aprobados por el Vaticano en 1983- está presente en 18 países. Ni las autoridades eclesiásticas ni sus seguidores pueden presumir de desconocer las tribulaciones de Maciel ante Roma por acusaciones muy graves. En España fue José Martínez de Velasco, redactor jefe de la agencia Efe para asuntos religiosos, quien primero las desveló, con gran lujo de detalles. Ha publicado dos libros: Los Documentos Secretos de los Legionarios de Cristo y Los Legionarios de Cristo. Dice ahora: "Maciel era muy querido por el anterior papa, siempre le apoyó. Los Legionarios de Cristo siempre estaban en primera fila. Marcial Maciel es un relaciones públicas nato y repartía dones a muchos cardenales para callar bocas. Será duró para él esta sanción, porque su lucha ha sido llegar a ser reconocido como santo. Lo digo en uno de mis libros: santo, como Josemaría Escrivá de Balaguer [el fundador del Opus Dei]".

Normas contra "los delitos más graves"

El proceso contra Maciel, según lo plantean los ocho ex legionarios y su abogada, la austriaca Martha Wegan, tiene dos planos: el de los abusos sexuales y la adicción a la morfina del fundador, y el que éste dominara la conciencia de sus víctimas mediante la dirección espiritual. Es decir, además de los delitos sexuales, que en 1998 podrían estar prescritos, Maciel había absuelto a sus muchachos en confesión. La figura de la absolución del cómplice, uno de los mayores delitos en la Iglesia católica, no prescribe y su examen queda reservado a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

La demanda contra Maciel se presentó en Roma en octubre de 1998 con este título: Absolutionis complicis. Arturo Jurado et alii versus Rev. Marcial Maciel Degollado. En mayo de 2001, el cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI y entonces presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, envió la carta Normas de delitos más graves "a los obispos de toda la Iglesia católica y otros ordinarios y superiores", anunciándoles qué actos "más graves quedaban reservados" al único juicio de su congregación. Añadía que la instrucción Crimen sollicitationis "en vigor, promulgada por la Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio el 16 de marzo de 1962, debía ser reconocida por los nuevos Códigos canónicos".

Concluidos los trabajos, Ratzinger comunicó los resultados a los obispos mediante el motu proprio papal Sacramentorum sanctitatis tutela. Entre los "delitos más graves reservados" [a la congregación doctrinal] figuran varios "contra la santidad del sacramento de la Penitencia", como "la absolución del cómplice en pecado contra el sexto precepto del decálogo", y "la solicitación en el acto, o con ocasión, o con el pretexto de la confesión, a un pecado contra el sexto precepto del Decálogo, si se dirige a pecar con el propio confesor".

Las desviaciones del fundador legionario ya fueron investigadas desde octubre de 1956 a febrero de 1959, sin resultado conocido. Durante ese tiempo, Maciel fue suspendido como superior general, y expulsado de Roma. El cardenal Alfredo Ottaviani, entonces el gran inquisidor, encargó al claretiano vasco y futuro cardenal Arcadio Larraona que dirigiese la investigación. Éste envió a sus visitadores al seminario de Ontaneda, pero no resolvió nada.

UN ALUMNO DEL SEMINARIO DE ONTANEDA, EN CANTABRIA, RELATA LOS ABUSOS SEXUALES QUE SUFRIÓ

"Nuestro error de juventud fue callar la verdad", admite José Barba, una de las víctimas del fundador de los Legionarios de Cristo. Es profesor de Instituciones Políticas y Sociales en el Instituto Tecnológico Autónomo de México y no siente euforia ni frustración por el comunicado del Vaticano castigando a Marcial Maciel, pero hurtando a sus víctimas un proceso, con la excusa de la edad del fundador. "Con la Iglesia no cabe esperar grandes cosas", dice. Una frase del comunicado del Vaticano le enfada especialmente, pese a ser un mazazo contra Maciel. Ésta: "Independientemente de la persona del fundador, se reconoce con gratitud el benemérito apostolado de los Legionarios de Cristo". "Es como decir que el tronco estaba podrido pero las ramas están bien", opina.

Los dirigentes legionarios y parte de la prensa católica siguen defendiendo no sólo al movimiento, también a su fundador. "¿Por qué no se hicieron las denuncias cuando sucedieron los hechos?", preguntan, retadores. Esa actitud irrita a los denunciantes, niños o muy jóvenes cuando sufrieron los abusos, y aislados de sus familias. Aún hoy muchos hablan en privado o por escrito de lo que pasaron, pero se resisten en público. Es el caso de un sacerdote en Madrid, jubilado. EL PAÍS pactó una declaración por escrito y fotografías. Al día siguiente, canceló el compromiso.

No ocurre igual con Alejandro Espinosa, que también estudió en Ontaneda (Cantabria), donde conoció al fundador legionario y fue uno de sus preferidos.

Ésta es una mínima parte de su relato. "Nos mantenía incapacitados para juzgar al superior, no sólo por los cerrojos de los votos privados, insalvables de por sí, sino por nuestra falta de madurez para advertir el engaño: 'Ustedes ocúpense en obedecer; dejen para mí la responsabilidad de pensar. Quien obedece no se equivoca'. La idea de pureza como exclusión de acto o pensamiento que implique sexualidad se balanceaba sagazmente entre el amor de padre (se hacía llamar nuestro padre: 'Los he engendrado en el espíritu con dolores peores que los de parto'), y las enfermedades que lo acosaban con 35 años. Explicaba el permiso papal que, concedido por Pío XII para redimir sus dolencias prostáticas, le permitía el uso de mujeres".

"Llamaba a la intimidad sólo a un grupo selecto, los que consideraba hermosos; se había fijado en mí para compartir "su cruz", ese martirio continuado que puso Cristo en sus hombros. Cuando me llamó a dirección espiritual aquel 23 de marzo en Ontaneda, tan lejos de mi familia, dejó los preámbulos y comenzó la sesión de caricias, besuqueos y tocamientos que lo llevaron a la falsa conclusión de que estaba enlistado en su mismo bando homosexual. Luego entendí, cuando llegó el verano del mismo 1955, la razón de ponerme a liderar un grupo de 25 niños, y su insistencia en inquirir cómo me desempeñaba con ellos, buscando indicios de una atracción pederasta que en mí no palpitaba. Fue aquel verano en Ontaneda cuando me llamó por medio de Félix Alarcón [otro denunciante, sacerdote español] a su servicio. Debí de pasar tres noches consecutivas como valet para darme cuenta, porque los ataques eran graduados, casi imperceptibles. Primero venía el "cólico", su cruz, entre aspavientos y retorcidas, y luego la súplica de masaje, cuando "ya no podía más". "Me introdujo la mano en su vientre para darme cuenta de su desnudez bajo la sábana; dirigió el movimiento rotatorio hasta hacer que la circunferencia cayera en el ardiente riel con rigidez de tabla, para desentenderse del resto y centrarlo en franco masaje de pistón, la masturbación sin ambages".

"Mis padres me habían enseñado que violar el "templo vivo de Dios", mi cuerpo, era pecado grave. Corrí al lavabo a librarme de la repulsiva medusa antes de vomitar. Fue la consagración. De allí en adelante: 'Don Alejo (así me decía) es de confianza'. Estoy cierto de que Maciel era consciente de esa indisposición, y muy a mi pesar continuaba obligándome a darle masajes, eufemismo de masturbadas, sin pasar por la lista completa de acciones, desde el sexo oral hasta las penetraciones dolorosas, que imponía a otros".

Además de este seminario de Ontaneda, los Legionarios de Cristo tienen en España otro "centro vocacional" de igual rango -seminario menor, en la jerga eclesial clásica- en Moncada (Valencia), donde la legión de Maciel cuenta con el apoyo del arzobispo Agustín García Gasco. También poseen la universidad Francisco de Vitoria en Pozuelo (Madrid), la red de colegios Everest, la organización Higlans y la cadena de colegios Mano amiga.

El caserón de Ontaneda, en el municipio de Corvera de Toranzo, de algo más de dos mil habitantes repartidos en media docena de poblaciones (a medio camino entre Santander y el puerto de El Escudo), presentaba el sábado una aspecto desolador: silencio total, la piscina vacía y buena parte de las contraventanas echadas. Este edificio enorme, de terrible recuerdo para el ex seminarista Espinosa, es quizás el mayor del municipio, y está situado en pleno centro urbano, con fachada a la carretera general y grandes vistas a las montañas bajas y al curso medio del río Pas, en el oeste de una verde comarca configurada por el famoso río y el Pisueña.

COyTO Enterprises CO. 2004 - Esta obra está bajo una licencia de Creative CommonsLicencia de Creative Commons