LOS ASOMBROSOS DISLATES DEL PAPA

Estamos rodeados de necios al frente de las naves materiales y espirituales del mundo, que no dejan lugar a que se les responda de manera moderada. Ya nos gustaría tener motivos para la moderación en nuestras discrepancias ejerciendo la sana crítica...

Pues no. Ha de ser siempre furibunda. Por los hechos o declaraciones y por la pretenciosidad de los que los protagonizan. Porque por ser tan humanos como nosotros y no haber diferencias cualitativas entre la inteligencia no creativa de los que brillan por sus cargos y los que no comparecemos, se pone de manifiesto hasta qué punto debilidad y maldad, torpeza e imprudencia son comunes a todos los mortales sin distinción. Así es que, a mayor privilegio y mayor responsabilidad, para quienes no practicamos la mitomanía ni estamos comprometidos con las tretas y trampas que funcionan en la sociedad occidental en favor de los brujos de la tribu, mayor condena, y no al revés, que es lo instituído en ella. Que el mundo está enloquecido ya lo sabíamos. Pero que de esa locura acabase también contagiado el papa es una prueba más de la virulencia de la misma...

Valga esta introducción para explicar el por qué de nuestra indignación con otro de los mentores de la civilización occidental. Hoy nada de lo que se dice y se mueve deja de tener una repercusión impredecible. De ahí que toda la prudencia sea poca...

Parece mentira que un papa, al final un hombre, que pasa en su círculo religioso y fuera de él por ser tan "inteligente" hasta el extremo de haber sido elegido pontífice por eso mismo (es un suponer), incurra en semejante desatino con su discurso urbi et orbe en Ratisbona. Un discurso que, envuelto en la anécdota, va contra el islamismo y su eventual violencia. Y parece mentira, que tenga que rectificar o retractarse y hacer aclaraciones luego, para perfilar sus disparates y no empeorar la cosa, si es que cabe empeorarla más. Se ha comportado como cualquiera de los politicastros de tres al cuarto que inundan hoy el mundo con su neoconservadurismo preñado de mendacidad y de provocación. ¿No calculó las consecuencias? Imposible...

¡A quién se le ocurre!, por descuido o por malicia, echar de esa manera leña al fuego todavía relativamente controlado, por si fueran pocos los motivos que el orbe islámico tiene para echar espumarajos por la boca contra la cristiandad, contra los cristianos que se arrogan "la verdad", contra los dirigentes que invocan al mismo Dios (o similar) del papa, y contra los contumaces invasores de pueblos islámicos o amenazados de invasión.

Creíamos, cristianos y no cristianos, que Ratzinger era un hombre "inteligente", y ahora resulta que descubrimos que es un patán, que tiene atrofiado el sentido y el pensamiento recto, y que carece de dotes para la diplomacia cuando más que nunca es necesaria en el mundo convulso que vivimos por culpa de las tensiones y ocupaciones territoriales generadas por los jefes de la horda estadounidense y británica que abanderan la causa cristiana, o la incluyen en sus propósitos cuando quieren reforzar la justificación de sus brutales acciones y reacciones.

Arremete el papa contra el alma islámica, violada una y otra vez, cuando nadie desde esa cultura se había metido con ningún país occidental y sí tenido que soportar hegemonías, dominios y atrocidades por parte de éstos.

Sus manifestaciones en Ratisbona no pueden calificarse de "desafortunadas". Eso es para un líder ocasional, no para el jefe de una Iglesia. Son un atentado gravísimo contra la ponderación, el buen juicio y la prudencia, virtud cardinal; y una bofetada contra la justicia, humana y divina...

Eso, o es deliberado porque alguien le ha pagado la boutade. Eso, o ve una ocasión de que la cristiandad, que se está desmoronando estrepitosamente, pueda revitalizarse un poco a cuenta del jaleo promovido para recordar al mundo que sigue ahí y que al frente de ella está él.

Es una estruendosa falta de tacto, aparente, ya digo, o un exceso del mismo. Pues si hay en la historia un espíritu religioso que haya cometido más barbarie, ése tiene su sede en Roma. ¿O es que Benedicto XVI no se da cuenta de que nadie puede olvidar cómo en nombre de su Dios arrasaron Europa y parte de Oriente las Cruzadas y luego tantas otras cruzadas con variadas formas, la Inquisición ni la bendición de los cañones nazis por Pío XI, ni tantas bendiciones sobre tantas otras persecuciones y empresas instigadas por sus predecesores en el solio pontificio en los cuatro continentes mientras sus escuderos comulgaban?

En el Islam, como en toda religión monoteísta o simplemente teísta, hay facciones proclives a llevar demasiado lejos sus firmes convicciones y al Dios destructor en su bandera. Pero si hay alguna religión y algún jefe de ella que se haya distinguido históricamente por incitar a la violencia, directamente o con guante de terciopelo, ésa es la cristiana y ésos son los papas vaticanos.

Lo que tiene que hacer Ratzinger es callar para siempre. ¿O es que, como el emperador títere, ha calculado que en la dimensión espiritual también cabe la guerra preventiva? ¿Es que, como antes decía, ha revuelto de propósito el gallinero para recordar neciamente al mundo que la cristiandad moribunda no ha perecido todavía?

Otra cosa no nos cabe en la cabeza. Este enfurecimiento, por si tenían poco los fieles islamistas, no sólo está justificado. Es que esas palabras indolentes pueden ser la espoleta para que todo reviente de una vez entre ambas culturas. Mejor dicho, entre la cultura islamista y la civilización que patrocina estúpidamente la cristiandad y a su cabeza Benedicto XVI, y los evangélicos y baptistas de la Rice y de Bush II.

Una de dos, o Ratzinger no ha leído el Corán (lo que no es posible) o cree, torpe él, que la exasperante y ya proverbial contradicción entre el evangelio y el comportamiento de los cristianos comunes y de los dirigentes cristianos comunes, es también común al islamismo.

Mire su viga en su propio ojo y deje de fisgar la paja en el ojo ajeno. Es lamentable que tenga que hacerle esta recomendación, que en todo caso cae por su propio peso, un occidental no fanatizado. Y tenga en cuenta su santidad, que además de los musulmanes ofendidos directamente, los que con sus ligerezas lo pasan mal y sufren vergüenza ajena son los propios cristianos de las catacumbas o de base a quienes sus santidades, se ve que por principios conciliares, nunca les hacen maldito caso.

En último término el papa, entre el atronador y tremendista Antiguo Testamento y el suavizador Nuevo aplacador, tendría hecha la cabeza un lío. Y no extraña. Pero desde luego, para los espíritus sencillos ese Dios que no se les cae a los papas nunca de la boca, nada tiene que ver ni con el logos, la razón, ni con el amor que tanto predican.

Jaime Richart (Kaosenlared)