CARTA ABIERTA A LOS FARISEOS

por Gustavo Muñoz Matiz. Refugiado político colombiano.

Colombia.- El cardenal primado, presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana (estructura eclesial empoderada, lejana del pueblo del que se abroga el derecho a representar), apologeta de las gracias de Dios para los ricos y "gentes de bien", es el mismo que defiende la pobreza como una virtud que los humildes miserables deben soportar, típico mensaje que pasa por los dictatoriales medios de difusión y desinformación masivos para hacerle creer a muchísimas personas una realidad virtual, creando así las matrices de opinión necesarias para que sus dueños puedan ejercer las intervenciones y masacres, que les son indispensables en aras de neutralizar las crecientes oposiciones populares que se fundamentan en la intolerabilidad de la situación presente y buscan encontrarse con la promesa de un futuro de gloriosa vida en abundancia, las mismas que van en contra de los designios imperiales de saqueo y sus mensajes neocolonialistas que actúan como el opio del pueblo, pues intentan adormecerle toda su rebeldía contra el sistema de muerte.

El Opus Dei viene lanza en ristre en su cruzada de aplastar el enganchamiento social de la iglesia liberatriz, aquella que salió del barro de los pobres y revolcó el intimismo de la institucionalidad amangualada con las esferas fascistas del poder... Todo el poder económico del Opus Dei... con Pedro Rubiano Sáenz a su cabeza en Colombia, está decidido a instrumentalizar al Dios de la vida bendiciendo el daño que los medios le hacen a la realidad objetiva.

Los discursos de Monseñor Rubiano impiden a las víctimas la capacidad de comprensión de la realidad. El gobierno colombiano es presentado por el Opus Dei como una "vieja democracia ejemplar", aunque los niveles de mortandad ocurridos sean inocultables. Monseñor Rubiano se convierte en cómplice jactancioso del terrorismo de Estado, pues contribuye a construir el mito paramilitar al desvincular a estas bandas de asesinos de la estrategia estatal contrainsurgente, la cual, alimentada y entrenada por los altos gremios económicos estadounidenses y colombianos, despojó ya a tres millones y medio de campesinos e indígenas de sus tierras de pancoger para gloria del nuevo dios del mercado neoliberal.

Cuando Monseñor Rubiano, con el enorme poder que le confiere la Conferencia Episcopal, escupe sobre la tumba de los profetas de Medellín y Puebla y abandona al rostro doliente del que grita "Padre mío, padre mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt,27,46), se pasa a avalar el proceso con los "paras" y da a entender que lo que se vive en Colombia es una guerra fratricida entre facciones armadas de extrema derecha por un lado, y de extrema izquierda, por el otro; cínicamente salva al Estado "preso en tenaza e impotente frente a la violencia desbordante". Esa flagrante mentira le lava las manos cual Pilatos al Estado colombiano como "democracia". No importa que el informe de la OIT confirme que nueve de cada 10 sindicalistas asesinados en el mundo son asesinados en Colombia por fuerzas paramilitares. Tampoco que todos los informes de altos organismos internacionales le dan a Colombia el primer puesto en violaciones a derechos humanos, reconociendo las horrendas cifras de ejecuciones extrajudiciales, de masacres... aunque ninguno se atreva a responsabilizar de una vez por todas la dictadura del gobierno colombiano, ni se le hace una presión internacional para que cese el genocidio. ¿Por qué? Porque toda la fuerza imperial de la institucionalidad eclesial, que debió ser la voz de los sin voz, prefirió silenciarlos; porque quien debió proclamar la hora de los pobres y la opción por los oprimidos, se hizo sorda al grito de dolor de los aplastados y justificó la omisión minimizando la tragedia; porque quien debió animar a los resignados y levantar a los sumisos prefirió venderlos a los asesinos militares de día y paramilitares de noche, en su estrategia de quitarle el agua al pez a los rebeldes... Y, cuando la magnitud de la tragedia y la evidencia de la verdad se hizo flagrante, a lo sumo Monseñor Rubiano instó diplomáticamente al Estado a "intensificar su lucha contra los paramilitares", reconociendo de hecho que paramilitares y militares estatales son un mismo cuerpo.

Por eso "El Grito de Jesús, es el grito del pueblo crucificado y como tal tiene una doble vertiente: es la víctima del pecado social imperial y es también quien aportará la salvación (...) Una etapa centrada sobre la resurrección del pueblo debería mostrar cómo el mismo pueblo abandonado por el pecado social puede aportar en su resurrección, en su resistencia, la salvación (...) Pues no hay salvación por el mero hecho de la crucifixión y de la muerte: Sólo un pueblo que vive, porque ha resucitado de la muerte que se le ha infligido, es el que puede salvar". (1) Pero el mundo de la opresión no esta dispuesto a tolerar esto. Ni reconocer a estos pueblos...

¡Ay, cómo traicionan al evangelio original, cuánta desidia, al no señalar al dictador Uribe Vélez como culpable! Monseñor Rubiano, al ocultar la verdad, participa del crimen y el deicidio de los 54 Cristos Pobres que en Colombia se asesinan cada día, perpetuando el genocidio y la impunidad, igual que en Centroamerica, El Salvador y Nicaragua, argucia de los poderosos del Opus que se acomodan a la criminalidad. Tal vez nunca supieron o ya olvidaron que la revelación divina, la auténtica revelación del rostro doliente de Cristo no acontece entre quienes oprimen al mundo con su injusticia, sino en el dolor y la tragedia de aquellos que los sufren...

Si la verdad nos hace libres, díganla de una vez por todas a las naciones del planeta, para que detengan y juzguen al dictador narcotraficante... Afrontar el camino de seguir a Jesús hasta las últimas consecuencias es denunciar que el paramilitarismo nació de la "necesidad" del Estado de cometer masacres atroces y violaciones intensivas a los derechos humanos en aras de aplastar las reivindicaciones sociales, por medio del terror, pero permitiendo que ese mismo Estado lave sus manos y se mantenga su imagen "limpia a nivel internacional". Mr: O. Romero decía hace 22 años: "A mí me toca ir recogiendo atropellos y cadáveres abandonados... la violencia, el asesinato, la tortura donde quedan tantos y tantos muertos, el machetear y tirar al mar, el botar gente: todo esto es el imperio del infierno". (2).

Se refería a la cotidiana realidad del pecado de una sociedad de elite que sigue abandonando a los millones de Jesús de hoy día, pues la "opresion del pueblo crucificado viene de una necesidad histórica: la necesidad de que muchos sufran para que unos pocos gocen, de que muchos sean desposeídos para que unos pocos posean".(3)

A los agentes imperiales del Opus Dei con su ideología fatalista de la historia les pedimos que no nos evangelicen más con su mascarada perversa, teorizada desde la misma CIA y altas esferas estatales. Ya no pueden ocultar que la razón de ser del paramilitarismo es la necesidad de infundir el terror salvaguardando imagen del Estado, ni que su rol es ser "excelentes" en prácticas de tortura y guerra sicológica. Es por esta razón que los paramilitares cometen actos atroces (descuartizamientos con machetes, motosierras, violaciones colectivas, cortes de cabezas en plazas públicas). Sí, es por esta razón que cometen actos atroces y no por sicópatas o bárbaros innatos, como algunos fariseos lo plantean. No busquen en el pueblo colombiano una "violencia endémica". Nuestro pueblo ama la vida y la vida en abundancia.

La Conferencia Episcopal, ocultando que la resistencia nace de la inmensa injusticia social y de la represión que ejerce el Estado en contra de los que buscan justicia social, no contribuye a la paz... Abandonando al pueblo que levanta al cielo su grito de protesta y de lamento por las condiciones infrahumanas que les arrancan sus explotadores no contribuye a la reconciliación. Qué fácil olvidan los jerarcas patriarcales que es desde el contexto de abandono como surge la verdadera identidad de los pueblos cuerpo de Dios que gritan y vociferan (luchan) contra el pecado del mundo. Jesús clama en un gran grito: "Elí, Elí, lamá sabactani". ¿Por qué? Es un gran grito para traer la conciencia colectiva. ¿Por qué? Es exponer el pecado al mundo "no sólo mira los hechos pasados, sino que sostiene las demandas de verdad, respeto, justicia y reparación que formaran parte del proceso de reconstrucción social... de la resurrección".(4)

"¿Por qué me has abandonado?" (Mt 27,46) Es el anhelo de liberación de nuestros pueblos y es ahora en un llamado internacional a una acción urgente, a la oportunidad de actuar en perspectiva de la solidaridad (Lc 10, 33-35). Pues tal anhelo es fe, en el momento más difícil, es esperanza libertaria aun crucificados, es también voluntad activa y, por qué no, populismo radical, opción e incisivo compromiso de sanación, no importa que pasemos por el abandono de la cruz. Para juzgar qué hay de pecado objetivo en esta situación de abandono, tenemos que vernos a nosotros mismos, abandonados con sencillez, con humildad, reconociendo que nuestra fe es una actitud doblemente radical de confianza en el "Elí, Elí" Dios de la vida (el Dios que no se encierra) y radical, sí, para poder estar actuando, viendo, criticando y sanando nuestro pueblo mestizo (Mt 12,13-) (no inferiores, no superiores). Así, reconocidos en el abandono proyectarnos como personas iguales, víctimas de la enfermiza violencia estructural, pero también sujetos históricos del II proceso liberador de los imperios y de la salud que anhelamos, es decir, la salud de la justicia social sin perdones ligados al olvido. Vamos a resistir y lograr una nueva vida equilibrada entre los ricos y los pobres, una patria grande no imperial. Una Nueva Colombia que fortalezca su identidad y confíe su futuro en dignidad, así en ese contexto, podremos lograr la reconciliación para contraponernos a los poderes de la muerte.

Para terminar, hay una pregunta muchas veces hecha por internacionalistas poco conocedores: ¿Por qué los colombianos optan por la violencia, por la lucha armada, y no tratan de cambiar la injusticia a través de vías pacíficas, civiles, a través de la participación política? Sólo puedo responderles con las cifras de la represión, las cuales muestran que el pueblo colombiano ha intentado todas esas vías pacíficas, varias veces, pero siempre con un saldo de muertos demasiado cruel.

  • Genocidio de un partido político (cuatro mil miembros de la Unión Patriótica asesinados en 4 años).
  • 11.388 ejecuciones extrajudiciales por razones políticas cada año, o sea más de 20 por día, dentro de las cuales sólo 4 en enfrentamientos militares, o sea que los 16 restantes son víctimas de la política represiva del Estado.
  • Cuatro mil sindicalistas asesinados en 10 años... (Víctimas de la estrategia paramilitar)...
  • 1.180 desapariciones forzadas (5 personas desaparecidas a diario)
  • 150 mil víctimas de arrestos arbitrarios por el Estado colombiano (promedio de 140 personas/día) (fuente: Cinep)
  • 740 personas cada año en la cárcel serán víctimas de la tortura, la OMCT (Org. Mundial Contra la Tortura)
  • 44 millones de Habitantes. 36 millones en la pobreza, 11 millones en la pobreza absoluta o indigencia.
  • En el último año, cada hora 142 colombianos ingresan al estrato de la indigencia.
  • Más de 3 millones son desempleados. Más de 7 millones sobreviven del rebusque (Desempleo disfrazado).
  • 2.5 millones de niños trabajan, de los cuales 800 mil tienen menos de 11 años.
  • 2.7 millones de niños no van a la escuela por falta de cupos.
  • De 700 mil niños que nacen anualmente, 34 mil no cumplen un año de vida.
  • 37 mil niños duermen diariamente en las alcantarillas.
  • 47% de jóvenes no tiene agua potable ni servicios públicos.
  • Más de tres millones de campesinos no tienen tierra.
  • El 1,08% de propietarios posee el 53% de la tierra y el 0,2% de la población posee el 47% de las tierras cultivables.
  • El 20% más rico de colombianos es 200 veces más rico que el 20% más pobre.
  • 0,07% de la población posee el 68% del capital financiero.
  • Los intereses y la amortización de la deuda consumen el 70% de los ingresos totales del gobierno.
  • 3,5 millones de desplazados internos.
  • Cinco millones de emigrantes económicos.
  • 150 mil demandadores de asilo en el 2003.
  • 30 mil refugiados políticos en 24 países

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    Notas:

    (1) I. Ellacuría EL PUEBLO CRUCIFICADO, pag 215

    (2) Monseñor Romero, citado por Jon Sobrino, OSCAR ROMERO PROFETA Y MARTIR DE LA LIBERACION; Lima Perú, Centro de Estudios y Publicaciones CEP 1981, 21

    (3) Ignacio Ellacuría, EL PUEBLO CRUCIFICADO, pag 203

    (4) Arzobispado de Guatemala, NUNCA MAS, Vol I Impacto de Violencia, XXXII.