II.- EL PARTIDO USTACHA Y EL ESTADO CROATA.

Nada más aterrizar en Francia, moría asesinado el rey de Yugoslavia. Pavelic fue declarado culpable de complot tras ser juzgado en rebeldía. Había encontrado un paraíso en Italia, donde lo protegía Mussolini. En Italia, Pavelic presidía el partido ustacha en el exilio. El partido ustacha era una organización terrorista católica que pretendía destruir el estado yugoslavo. Se preparaban en campos secretos y juraban en nombre de la sangre y la tierra.

En 1941, los británicos apoyaron un golpe para derrocar el gobierno pro alemán de la neutral Yugoslavia. Hitler montó en cólera. La Operación Barbarroja -el ataque a la Unión Soviética- tuvo que retrasarse y la wehrmacht se concentró en los Balcanes. La Iglesia católica colaboró con las tropas de Hitler con la actuación de una quinta columna ustacha. El 10 de abril de 1941, después del ataque alemán a la obstinadamente neutral Yugoslavia, Pavelic proclamó, con la anuencia de Hitler, el estado independiente de Croacia y recibió la calurosa felicitación del arzobispo Stepinac.

Sir Fitzroy McLean, de la Misión Militar Británica, confirma que la ustacha era un movimiento claramente racista y sus componentes se sentían muy orgullosos. Pone como ejemplo al ministro de Educación, Sr. Budac, que, cuando un periodista le preguntó cuál sería su política o la de su gobierno con las minorías religiosas y raciales no croatas, respondió: "Para esos tenemos tres millones de balas".

Tres semanas después de ocupar Pavelic el poder, promulgó unas leyes antijudías más estrictas aún que las de los nazis y dos meses después, el gobierno se encarnizó con su antiguo enemigo étnico, los serbios, cuya religión mayoritaria era la ortodoxa. El partido ustacha anunció el programa de deportación, de "conversión" al catolicismo y de exterminio de los dos millones de ortodoxos serbios del país. Este fue el principio de cuatro años de uno de los genocidios menos conocidos y en el que la Iglesia católica tuvo una participación activa.

Desde el principio, los ustacha se dedicaron a transformar Croacia en el Estado Católico que añoraba la Iglesia. Para tal fin se valieron de cualquier medio: desde la conversión forzada hasta el exterminio de los ortodoxos serbios, que constituían aproximadamente la tercera parte de la población. Muchos de los asesinos fueron frailes franciscanos. Uno de ellos, un tal Fray Miroslav Filipovic, fue incluso comandante del complejo de Jasenovac, al que me referiré más adelante, y responsable directo de la muerte de cuarenta mil hombres, mujeres y niños.

Pío XII sabía lo que pasaba en Croacia no sólo gracias a su puesto como cabeza de la jerarquía católica que lo mantenía informado, sino también por medio de otras fuentes. El propio Ante Pavelic le informaba regularmente sobre la catolización de la nueva Croacia y el jefe de la iglesia croata, el arzobispo Stepinac, le mantenía al corriente del número de "conversiones".