VII.- ¿EN QUÉ LUGAR DEL VATICANO SE ESCONDÍA PAVELIC?

Antes de hablar del escondrijo de Pavelic es necesario hablar de uno de los personajes clave en todo este asunto: Krunoslav Draganovic, la eminencia gris del Vaticano para los asuntos relacionados con los Balcanes. Draganovic era un sacerdote croata que vivía en Roma. Era el secretario de la Hermandad de San Jerónimo. Y San Jerónimo era el colegio croata adjunto al Vaticano. Según la versión norteamericana, Pavelic se habría escondido allí entre 1946 y 1948, llevando consigo el oro arrebatado a los judíos y sacado de Croacia.

Sir Fitzroy McLean, miembro de la misión militar británica, ha declarado recientemente: Para mí, no hay duda de que muchos sacerdotes y clérigos croatas del colegio de San Jerónimo tenían unos sentimientos nacionalistas muy pronunciados y eran muy propensos a extralimitarse.

Pero Draganovic tenía un pasado. Durante la guerra había tenido un cargo oficial en el gobierno ustacha. Tito lo había clasificado como criminal de guerra. En 1943, los ustachas acordaron con Roma su traslado al Vaticano. Allí sirvió a la Iglesia en el Colegio de San Jerónimo, que era oficialmente un seminario croata, aunque en realidad funcionaba como un centro clandestino de actividad ustacha. De este modo, Draganovic pasó a ser el emisario "no oficial" de los ustachas en el Vaticano y el vínculo con la organización vaticana de ayuda a
los refugiados de guerra. Junto a otros colaboradores como el Padre Golik, fue el responsable de ayudar y proveer a los criminales de guerra ustachas del apoyo necesario para escapar, mediante la falsificación de pasaportes de la Cruz Roja (Draganovic era también el representante croata en la Cruz Roja) y la creación de las "Ratline", unas vías de escape para criminales nazis creadas por la Iglesia Católica en diversos países del mundo. El reverendo Draganovic cumplía esta misión en frecuente contacto con Pío XII y monseñor Montini, que años más tarde sería el Papa Pablo VI. Los criminales ustachas lograron escapar gracias a los esfuerzos de la Iglesia. La mayoría terminaron en Argentina, un país simpatizante de la causa nazi y clero-fascista en aquellos años. Gracias a la Iglesia Católica, la mayoría de los criminales de guerra croatas encontraron su libertad.

El historiador del Vaticano, Padre Graham, dice de Draganovic: Era de Bosnia y tenía una tendencia muy patriota, o sea muy nacionalista. Se propuso la misión de rescatar a sus compañeros croatas y era activo a más no poder. Huelga decir que después de la guerra fue el
objetivo principal de los ataques del gobierno de Tito y la verdad es que creo que lo merecía. Era activo a más no poder.

El Sr. Fitzroy McLean afirma en una entrevista concedida a Granada TV: La rama de espionaje propia de la misión envió un informe muy importante sobre las actividades del P. Draganovic y del colegio croata. El verano de 1945 Draganovic recorrió personalmente los campos de concentración y entró en contacto con los principales responsables del partido ustacha, de modo que se pudiese mantener una fuerte unión entre San Jerónimo y los grupos del partido ustacha en Italia y Austria. Esto permitió formar un servicio de espionaje político.

Draganovic también distribuyó documentos de identidad falsos entre los fieles del partido ustacha que estaban en los campos de concentración. El valor de estos documentos en la Europa de la posguerra no se puede menospreciar. Los documentos en cuestión eran documentos de la Cruz Roja Internacional.

Había dos organizaciones que podían ayudar a todo el que tuviera aquellos carnés: La Comisión Vaticana para los Refugiados y los representantes nacionales de la Cruz Roja. Recordemos que el representante croata de la Cruz Roja era, precisamente, el P. Draganovic.

La rama croata de la Comisión Vaticana para los Refugiados estaba en el Colegio de San Jerónimo. Un informe del servicio de inteligencia norteamericano sobre Draganovic, fechado en
1946, afirmaba: La Hermandad Croata proporciona carnés falsos a los ustacha. Con estos carnés, juntamente con la aprobación pontificia, se pueden obtener pasaportes de la Cruz Roja Internacional, donde Draganovic tiene influencias que le aseguran la posibilidad de expedirlos".

Ivo Omrganin, antiguo diplomático croata que vivía en Roma y que trabajaba estrechamente con Draganovic, era una de aquellas influencias. Recientemente ha declarado: Yo, personalmente, o bien iría a la Delegación Internacional de la Cruz Roja y me concedería un pasaporte, o bien iría a la policía italiana de la ciudad para darles unos documentos policiales normales o el pasaporte Nansen"(*).

Los aliados, en su persecución de criminales de guerra, poco a poco se iban haciendo una idea de cómo eran los espías de las "Ratlines". La investigación sobre los carnés de identidad falsos y sobre el paradero de Pavelic apuntaba a Draganovic. Aunque Pavelic había conseguido escapar -de momento-, el cuerpo de contraespionaje norteamericano lo seguía muy de cerca. El destacamento rumano del cuerpo, si no hubiera sido por la protección del Vaticano, lo hubiera podido detener. En 1947 todos los servicios de inteligencia occidentales sabían que el Vaticano protegía a los fugitivos ustachas y que escondía a Pavelic.

A este respecto, Fitzroy McLean declara: Creo que en Roma, la mayoría de la gente que estaba interesada en este tipo de cosas, era consciente de que el Colegio de San Jerónimo y, sobre todo, el P. Draganovic, hacían todo lo posible para que estos ustacha de alta graduación, incluyendo a Pavelic, puedieran salir de Roma e ir a algún lugar más seguro.

Pero todavía tenía que haber una conmoción más importante. Cowan, un agente norteamericano de contraespionaje, introdujo un espía en el colegio croata. Este espía informó de que el Colegio de San Jerónimo estaba lleno de células operativas ustacha.

Para acceder al monasterio donde estaba el colegio, era necesario someterse a un registro completo para localizar identificaciones diferentes y armas. Todas las puertas estaban cerradas, y las que no, estaban vigiladas por un guardia armado. Se necesitaba una contraseña para ir de una habitación a otra. Toda la zona estaba vigilada por jóvenes ustacha vestidos de paisano y armados. Y el saludo ustacha se intercambiaba constantemente.

La apertura de los archivos de la Cruz Roja Internacional referentes a la posguerra ha cerrado por fin la polémica acerca de si los criminales de guerra nazis y croatas contaron con la ayuda del Vaticano para huir de la justicia hacia Sudamérica, Australia, Sudáfrica o Canadá. La respuesta está bien clara. Los cardenales Montini, Tisserant y Caggiano diseñaron las rutas de huida; obispos y arzobispos como Hudal, Siri y Barrere realizaron los trámites necesarios para crear documentos e identidades falsas a los asesinos; sacerdotes como Draganovic, Heinemann, Dömöter, Bucko, Petranovic y muchos otros firmaron de puño y letra las solicitudes para la concesión de pasaportes de la Cruz Roja a criminales como Josef Mengele, Erich Priebke, Adolf Eichmannn, Hans Fischböck, Ante Pavelic o Klaus Barbie.

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(*) El pasaporte Nansen era el patrocinado ante la Sociedad de Naciones por el explorador noruego F. Nansen, premio Nobel de la Paz, como sustitutivo del pasaporte común, del que carecen los apátridas, perseguidos políticos, etc.