IX.- UNA SOLA RESPUESTA PARA MUCHOS INTERROGANTES.

¿Por qué protegía la Iglesia a un hombre que había asesinado a medio millón de personas? ¿Cómo puedo un sacerdote croata solo proteger a Pavelic, que era un hombre buscado por todos los ejércitos de Europa? ¿Por qué el Colegio de San Jerónimo permitió que continuase sus actividades? ¿Por qué la jerarquía del Vaticano no controlaba a sus miembros... o sí que los controlaba?

Croacia era uno de los países favorecidos por el Vaticano. Era un refuerzo contra la Iglesia Ortodoxa del Este. El régimen de Pavelic, en tiempos de guerra, era -además de cruel- de un catolicismo exacerbado. La Iglesia Católica y los ustacha eran uña y carne con el Estado de Croacia. El P. Draganovic formaba parte del comité de las conversiones forzadas. El P. Petranovic era un oficial declarado de los campos de concentración. El arzobispo Stepinac era miembro del parlamento del gobierno ustacha. El soporte católico que había tenido Pavelic continuó durante toda su dictadura. Uno de los primeros actos del gobierno ustacha fue proscribir la Iglesia Ortodoxa. Legalizó el asesinato y la deportación en nombre de la religión católica. Los escuadrones de la muerte llegaron a crucificar a algunas víctimas.

Después de diez meses de atrocidades similares a esta, la inauguración del parlamento recibió incluso la bendición del arzobispo Stepinac y del representante del Papa, Marconi. El arzobispo Stepinac ofició en ceremonias de los ustacha y bendijo a voluntarios de las SS. En estas ceremonias estaba el símbolo de la pistola, el puñal y la granada sobre el altar. Los Padres Franciscanos tomaron parte activa en la campaña militar. Ofrecieron sus conventos a Pavelic, que los utilizó como bases militares. En el campo de exterminio de Jesanovac, el mismo comandante era un hermano franciscano.

Poco después de haber llegado al poder, en 1941, Pavelic tuvo una audiencia privada en el Vaticano con el Papa Pío XII. El Foreing Office pidió al embajador británico en la Santa Sede, Dacius Borne, que transmitiese su consternación. En un escrito del Ministerio de AAEE del Reino Unido y la Commonwealth al Vaticano se lee: La acogida de Pavelic es deplorable. Ha hecho más daño a su reputación en este país que cualquier otro acto desde que comenzó la guerra.

Al Vaticano no le importó. En 1942, Giovanni Montini, Subsecretario de Estado, confió a un representante de los ustacha que la Santa Sede no se puede imaginar a un croata que no sea católico.

En Croacia, Pavelic siguió esta política al pie de la letra para hacerla realidad. En mayo de 1943 Pío XII volvió a recibir a Pavelic en otra audiencia privada.

El Padre Graham, historiador del Vaticano, trata de justificar lo injustificable: Yo sé que los británicos y los norteamericanos estaban especialmente molestos y hablé con Timman, encargado de negocios norteamericano, que estaba perplejo e indignado porque el Papa recibido a Pavelic. Pavelic era católico, eso sí, y si iba a ver al Papa como católico, el Papa no se podía negar. Era un católico importante. Así, la explicación del Vaticano a Timman fue que el Papa no lo recibía como Jefe del Estado Croata, sino como católico. Pero eso ya se sabe que es como un reconocimiento implícito del papel que Pavelic tenía como Jefe del Estado de Croacia.

La victoria de Tito en Yugoslavia puso fin al poder político de la Iglesia Católica. El clericato no tenía lugar en el nuevo estado de Tito. Los miembros del antiguo régimen fueron hechos prisioneros o ejecutados. La Croacia católica fue absorbida por la Yugoslavia comunista. A pesar de que la guerra había separado a los ustacha de Croacia, no los separó de la Iglesia. El nexo de unión era Draganovic.

Ivo Omrganin, antiguo diplomático croata que vivía en Roma y que trabajaba estrechamente con Draganovic asegura que Draganovic era un actor que no pasaba desapercibido. Se dejaba caer por cualquier sitio y todos sabían qué hacía.

Monseñor Simcic, uno de los sacerdotes que trabajaba con Draganovic en 1946, dice en una entrevista concedida a Grenada TV: Draganovic hablaba muy a menudo del trabajo del Colegio de San Jerónimo con Monseñor Montini, el subsecretario de estado del Vaticano. Draganovic acudía a Montini para pedirle consejo en los "casos especiales". Tenían unas relaciones excelentes. Draganovic pedía a Montini más visados para "abrir las puertas" a las gentes de los campos de concentración. Muchas veces Montini se dirigió a Draganovic para pedirle que salvase a gente que estaba en peligro. O sea, que sí que hubo una relación personal. ¿Que si Draganovic conocía a Pío XII? Por supuesto que sí. Los presentó Montini y el Papa lo apreciaba mucho porque era un gran hombre.

Aunque es de sobra conocido, el tantas veces citado Padre Graham, corrobora que Monseñor Montini era la mano derecha del Papa para las actividades humanitarias. De hecho era el director operativo, o sea, que sí que tuvo contacto con Draganovic y con otros refugiados. Siempre, claro, dentro de su radio de acción. Y como sabemos, llegó a ser el Papa Pablo VI.