X.- INTERMARIUM.

La jerarquía vaticana permitía que Draganovic ayudase a Pavelic y a otros criminales de guerra a escaparse por el "Ratline". ¿Qué esperaba a cambio el Vaticano?

William Gowen, el agente del contraespionaje norteamericano, descubrió que un grupo secreto anticomunista denominado "Intermarium" tenía la respuesta. Intermarium significa "entre mares"
y durante los años 20 y 30 el deseo del Vaticano era conseguir una federación de estados católicos desde el Báltico hasta el Adriático a fin de luchar contra la amenaza de los bolcheviques.

Intermarium era un grupo político formado durante los años 20, después de la Revolución Rusa. Lo componían católicos nacionalistas que querían mantener a raya a los comunistas. Era como un telón católico que atravesaba Europa.

El Padre Graham, historiador del Vaticano lo explica en los siguientes términos: En los años 30, Stalin era un hombre muy poderoso. La propaganda comunista también. Y Pío XI, que murió en 1939, se había opuesto frontalmente al comunismo. Movilizó a todas las organizaciones católicas para luchar contra el comunismo. ¿Estaba equivocado? De ninguna manera. El comunismo era una amenaza para la Iglesia a dos niveles. A nivel teológico -más bien, teorético que ideológico- con la teoría de que Dios no existe; y después, en el nivel que esta sociedad moderna debería basarse en la ausencia de Dios. El segundo nivel es el práctico, el de la simple persecución. Stalin quería aniquilar la Iglesia Católica en la Unión Soviética, y el partido comunista en el extranjero seguía evidentemente las mismas fases cuando podían controlar el poder político. Ellos también seguirían el mismo patrón, de manera que estos dos niveles, era completamente lógico que la Iglesia Católica, y el Papa como su líder, tuviese una imagen oscura de lo que representaba la Unión Soviética, sobre todo con Stalin.

En el Este, la Iglesia Católica luchaba por su supervivencia. Esta lucha la involucró en las intrigas políticas de Intermarium y de las "Ratlines". El capítulo final del escándalo "Ratlines" lo conoció Gowen, el agente del contraespionaje, a través de las declaraciones de Ferenc Vajta, un ex criminal de guerra húngaro. Como informador no podía tener mejores credenciales: antes de la guerra había sido colaborador activo de Intermarium y se había escapado a Roma por el "Ratline". Sus explicaciones estaban llenas de revelaciones considerables. Según él, los servicios secretos ingleses y franceses estaban involucrados en Intermarium antes de la guerra porque financiaban las actividades y protegían a los agentes.

Cuando los ustacha asesinaron al rey de Yugoslavia, los ingleses protegían a uno de los conspiradores. La mano derecha de Pavelic, Abducevic, fue después fue ministro del interior de Croacia en guerra y después agente británico. Intermarium había llamado la atención prebélica de los británicos porque era una organización antibolchevique preparada y los objetivos del servicio secreto de espionaje británico eran los que se consideraban prioritariamente nacionalistas y antibolcheviques.

Sir Stewart Mencias, que dirigió los servicios secretos de espionaje desde 1939 era un antibolchevique acérrimo y formaba parte de la elite británica. Antes de estallar la guerra, algunos miembros de esta elite británica eran abiertamente profascistas y apoyaban a Hitler. Veían a los nazis como protectores de Europa, que la defendían del comunismo y se servían de sus poderes y de su influencia para decirlo. El decano, era el duque de Windsor.

La guerra supuso un golpe mortal a las esperanzas de un pacto entre los británicos y los nazis contra el comunismo. En 1945 todas las esperanzas de contener el comunismo se habían esfumado. El ejército rojo liberó a Europa del Este de los nazis y la ocupó. Los nacionalistas locales, el Vaticano y occidente tuvieron que aceptar que Stalin estuviese en el poder. Los países de Intermarium se convirtieron en el bloque comunista. La guerra había convertido el sueño de un telón católico en un telón de acero.

La guerra supuso una breve interrupción en la lucha contra los comunistas. En palabras de Mr. Bullit, ex-embajador de los EEUU en Moscú, Los comunistas son fascistas rojos. Stalin no se detendrá por voluntad propia. Se le tiene que parar.