XI.- LA PARANOIA ANTICOMUNISTA DE POSGUERRA.

En 1945 los servicios secretos británicos y franceses reactivaron la relación con los fascistas, igual que el Vaticano. Cuando Pavelic entró en Austria, William Gowen, el agente norteamericano, informó. En un documento del archivo de espionaje de los EEUU, fechado en agosto de 1947, se informa: Los británicos lo protegieron [a Pavelic] en las instalaciones que ellos custodiaban, durante un período de dos semanas. A causa de la incomodidad que representaba para las autoridades británicas, abandonó estas instalaciones, pero se quedó en la zona ocupada por los británicos dos o tres meses más. Mantenía el contacto con los servicios secretos británicos.

Gowen también informó que de que un teniente coronel británico fue el encargado de vigilar dos camiones cargados con lo que se suponía que eran las propiedades de la Iglesia Católica en la zona británica de Austria. Estos dos camiones entraron en Italia y los dirigieron a un destino desconocido. Era el tesoro que se habían llevado los ustacha cuando huyeron de Zagreb. Parte del oro no salió nunca de Yugoslavia y lo encontraron más tarde en un convento franciscano. Era el oro que habían robado a las víctimas que los ustacha habían asesinado. El tesoro si que salió y fue entregado al Padre Draganovic, que aseguraba que utilizaría el dinero para la liberación de Croacia.

Se hicieron llegar copias del Intermarium libre a los campos de desplazados de Austria e Italia y una emisora de radio ustacha emitía desde el interior de la zona británica.

Sir Ftzroy Maclean, de la Misión Militar Británica: Yo creo que a todos les hubiera resultado dificilísimo mantener un control adecuado en los campos de concentración. En parte porque no había bastante gente para hacerlo, pero lo que sí que creo que consiguieron hacer muchos fue establecer un régimen y administrar solos un régimen propio. En el mercado negro se podía conseguir una pistola a cambio de un kilo de café y eso permitió que muchos se armasen. Hubo desertores y vendidos de un bando y del otro que vivían en las montañas. Eso es justamente lo que los gobiernos aliados y evidentemente el gobierno británico querían que se acabase.

En 1947 se firmó un pacto con Tito. Los aliados entregarían a los altos cargos del partido ustacha, pero no a los militantes de base. Uno de los negociadores fue el general de brigada Fitzroy Maclean. La caza de criminales de guerra no encabezaba la lista de prioridades de los aliados. En palabras del propio McLean: Mi trabajo consistía en formar un equipo para identificar a estas personas. Y en lo posible, seleccionar a las que no tenían cargos en contra, es decir, que no podían ser consideradas criminales de guerra, para tratar de sacarlas de Italia y así poder liberar al gobierno italiano de la presión para devolverlas.

Los campos de concentración estaban llenos de anticomunistas con experiencia bélica adquirida en la lucha contra los soviéticos. Demostraron ser el caldo de cultivo para reclutar a gente de la Intermarium, aunque fueran criminales de guerra buscados.

Ivo Omrcanin, diplomático croata que había trabajado estrechamente con Draganovic, comenta: Comenzó porque los británicos financiaron la acción y, por tanto, todo el dinero dado a Intermarium procedía de la Gran Bretaña, de los británicos.

Ahora Gowen pensaba que el servicio secreto británico estaba detrás de la evacuación por parte del Vaticano del líder del partido ustacha y también del resurgimiento de Intermarium. Las explicaciones de Bachter alertaron a los norteamericanos sobre el potencial de Intermarium como una red anticomunista establecida.

En julio de 1947 Gowen informaba a sus superiores: La característica más destacada de estas complicadas actividades es la incapacidad de estos anticomunistas para encontrar una base estable para sus operaciones. La opinión de esta gente es que una coordinación amistosa por parte de los EEUU construiría una base sólida para el futuro.

Los Estados Unidos se unieron al intento de reclutar a estos anticomunistas. El problema práctico era cómo proteger a estos reclutados del peligro constante de secuestro y de
detención por parte de los comunistas. Los juicios en Yugoslavia ponían énfasis en el peligro. El juicio público al arzobispo Stepinac se utilizó como forma propagandística para acusar al Vaticano, al partido ustacha y a Occidente en general de conspirar contra el estado comunista. Los norteamericanos necesitaban una forma secreta de sacar del peligro a sus nuevos amigos y utilizaron al Padre Draganovic.

Según Ivo Omrcanin El cuerpo de contraespionaje norteamericano envió agentes sin avisar. Dijeron que había gente y nosotros les dijimos que bien, que viniesen. Después, esta gente daba un nombre. Seguramente era su nombre de verdad y conseguían los documentos. Entonces podían salir poco a poco con los de raza croata. El Vaticano dio 1000 dólares por cada individuo.

Sucedió lo más impensable: los vencedores de la guerra -los aliados- ayudaban a los criminales de guerra a escaparse con la protección del "Ratline" del Vaticano, muchas veces disfrazados de sacerdotes.

Draganovic tenía el apoyo de los EEUU. En un documento del archivo de espionaje de los EEUU fechado en julio de 1948 se afirma: El acuerdo consiste en una simple ayuda mutua. Estos agentes ayudan a personas de interés para el P. Draganovic y, a cambio, el P. Draganovic ayudará a personas de interés para esta comandancia. Algunas de estas personas pueden ser de interés para la política de "desnazificación" de los aliados. Por tanto, esta operación no puede recibir de ninguna manera el beneplácito oficial.

Allen Douglas y James Jesus Angleton, que años después dirigirían la CIA, utilizaron las "Ratlines" para sacar a escondidas de Alemania a científicos y expertos en espionaje nazis. Así es como Klaus Barbie se escapó y fue a Bolivia. A Barbie se le conocía como "el carnicero de Lión" y era buscado por los franceses. Después de la guerra fue reclutado por los americanos y trabajó para el contraespionaje en Munich. Los franceses lo descubrieron y exigieron la extradición. El contraespionaje dio instrucciones para que Barbie no fuese entregado, a pesar de que el Departamento de Estado de los EEUU afirmase en público lo contrario. Klaus Barbie sabía demasiado. A los conservadores franceses no les convenía que hablase porque podía revelar que algunos colaboradores de De Gaulle habían sido informadores nazis. Concretamente, Barbie amenazó con decir que había obtenido información de François Poncet durante la guerra. Esto podía proporcionar a los comunistas franceses un golpe de propaganda espectacular.

François Poncet había sido el representante de De Gaulle en la Cruz Roja Internacional y era al Alto Comisario francés para Alemania. Para no poner en un compromiso a los amigos conservadores de Francia, Dulles envio a Klaus Barbie a través del "Ratline". Cuando Klaus Barbie conoció a Draganovic, le preguntó por qué colaboraba. Draganovic dijo que si ayudaba a salvar nazis y anticomunistas, era "porque se ha de conservar una especie en reserva de la cual nos podamos servir en el futuro".

Sir Ftzroy Maclean: Draganovic continuó ejerciendo de sacerdote mientras hacía todo lo que podía para el partido ustacha. Yo creo que fue un miembro activo de este movimiento desde el principio.

El P. Draganovic no estaba solo. Sacerdotes de Alemania, de Italia, de Austria y de Hungría tenían sus propios "ratlines". El Vaticano conocía perfectamente los crímenes de la II Guerra Mundial, pero, aun así, permitió que sus sacerdotes protegiesen a los culpables. ¿Por qué? ¿Qué sacaba el Vaticano? El Vaticano era explotado por algunos de los peores criminales de guerra del s. XX, pero era explotado con consentimiento. La paranoia sobre el comunismo cegó a los líderes de la Iglesia católica ante la diferencia entre el bien y el mal. Traicionaron la fe de millones de personas. El Vaticano, en nombre de la caridad cristiana, estaba salvando a criminales de guerra.

¿Qué ganaban los aliados con la "Operación Ratline"? La red Intermarium, que reavivaron después de la guerra, estaba llena de espías soviéticos. El hombre que los británicos designaron para que dirigiese las operaciones antisovéticas, con el reclutamiento de nazis incluido, fue Kim Philby. Philby desertó en Moscú en 1963. La CIA tuvo que volver a revisar todos los salvoconductos de seguridad que se habían dado a los fugitivos nazis por el MI-5 y el MI-6. Más de una década de operaciones de la guerra fría estaba comprometida y no se podía hacer nada.

¿Quién sacaba provecho? Los únicos que salieron ganando fueron los miles de criminales de guerra buscados que se escaparon por las "ratlines". Dejaron Europa devastada con sus crímenes y, a cambio, recibieron nuevas vidas con nuevas identidades. Era la recompensa por haber luchado contra los comunistas antes, durante y después de la II Guerra Mundial.